Hace miles y miles de años,
cuando la Nación Toba era fuerte y poderosa, el dios
Tupá la había favorecido con buena pesca.
Pero el territorio Toba cada vez era más grande, ya que
habían crecido haciéndose temer por sus vecinos.
Tupá no sólo les proporcionava la seguridad de
contar con su alimento abundante, sino que tambiém les
dió leyes que el pueblo debía cumplir.
Las leyes incluían derechos y obligaciones. Tupá
les había dicho que eran dueños de cazar y pescar
cuanto quisieran para alimentarse pero no por deverción,
ya que tenían que cuidar lo que les daba la naturaleza.
Además les había prohibido algo: que tocaran a
Pirayú (nombre que se le da en Guaraníi al pez
llamado dorado), el padre de las aguas, cuando éste se
refugiaba a descansar a la sombra de un palo borrachón.
Un día, al cacique de los Tobas regreso con sus hombres
de río. Venían de luchar con una tribu y habían
conseguido tomar sus tierras y así seguir agrandando
su territoro.
Autora: Antonela Bangertes 10 años
de Formosa