"Orgullo, he amado más a mi pobre corazón que a ti."
Marcelina Desbordes

- Dame unos labios rojos y carnosos - pidió la mariposa al Hada del rosal-. Los deseo serenos y turbulentos como el mar. Los quiero fatales, que obliguen a los hombres a naufragar en sus mieles.

-Te los daré -dijo el Hada con cierto pesar-, pero después de ello no volverás a volar, ni siquiera en sueños lo podrás hacer.

-¿Para qué volar si no puedo besar? Dame los labios y olvídate de mis alas, creo que el precio será justo.

-Yo no creo que sea tan justo -advirtió el Hada-. Ese hombre no te merece. Deja de ser tan romántica. Para él, eres tan solo un objeto de exhibición y contemplación. A ese hombre ¡le falta literatura!

-¡Calla!, celosa -con furia dijo la mariposa-. Te pedí unos labios, no un tratado inédito de Amores Platónicos. Dices eso porque él no te contempla todas las mañanas en el rosal; pero a mí, sí me presta atención.

-Veo que es imposible hacerte cambiar de opinión -con resignación afirmó el Hada-. Cumpliré tu deseo, que parece salido de la historia de un cuentero en decadencia.

A la mañana siguiente, el hombre se topó con la mariposa. Realmente estaba maravillado y no paraba de observarle con su gran lupa. No podía creerlo. Tenía que ser suya, no iba a permitir que fuera de otro. Y la mariposa cayó en sus redes sin oponer resistencia alguna, esperando poder besarle. Horas después, hacía parte de la colección entomológica de una respetable Universidad, y yacía con sus labios crispados aguardando el beso de un verdadero amante de la vida.

Autor Alexander Escobar

 

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