LA HISTORIA DE MI VIDA
Allá por 1955, existía un barrio,
en el que todos la pásabamos bien. Teníamos entre 10 y 12 años.
Mis amigos eran Bartolomeo Cruz, los padres de mi amigo eran inmigrantes de
Uruguay y el padre era zapatero. Otro de mis amigos fue Carlos Terris, su padre
falleció a los 33 años. Roberto vivía enfrente de mi casa
y era el más fuerte de mis amigos, sus padres se llevaban muy bien. Horacio
Flores, su padre y su madre se habían separado y el padre era peluquero.
Rigoberto se asustaba por cualquier cosa y tenía un hermano llamado Julián
que lo defendía en todos sus problemas y también era el mayor
de los amigos. Juan Alberto, era de esos chicos que comian mucho y le deciamos
3 por 3, porque era muy buen estudiante. Yo me llamaba Enzo y me decían
títere por lo flaco.
Más o menos a las 4:30 horas, nos juntabamos
en la plaza que se encontraba a dos cuadras de mi casa. Siempre intentábamos
cruzar ese alto muro, para saber el misterio que se encontraba detrás
de ella. Un día prometimos que después de clase cruzaríamos
ese muro. Ese 12 de febrero después de la escuela, todos ibamos con los
dedos apretados hacia la plaza. Cuando ya estabamos todos, el primero en cruzar
fue Roberto y luego todos nosotros, menos Rigoberto que tenía miedo,
Julián, su hermano se volvió a cruzar y lo ayudó a pasar
el muro y luego cruzó él. Apenas pasaron el muro, dos perros lo
empezaron a perseguir, comenzaron a correr, doblaron una esquina y los perdieron.
Luego un pozo les cortó el camino, pero no se iban a volver, por eso
Julián y Roberto los más valientes curzaron el pozo con un gran
salto y les ayudaron a los demás.
Eran las 5 y ya todos estabamos hambrientos, por
suerte Juan Alberto llevó nueve tortitas, una para cada uno y las que
sobraban todas para él. Hacía calor y estabamos todos muy cansados,
el sol nos pegaba en la nuca y deseábamos acostarnos en una cama. Comenzó
hacerse tarde y se lanzó a llover, todos corrimos hacia un techo y lo
más rápido posible, cruzamos el muro. No fue gran cosa lo que
había detrás de el y nos sacamos las ganas de cruzarlo...
20 años después ...
Ahora Bartolomeo es dentista, es casado y tiene
dos hijos. Carlos es soltero y trabaja de policía. Roberto lamentablemente
falleció a los 21 años. Horacio siguió la carrera de su
padre, se dedicó a la peluquería. Rigoberto y Julián trabajan
en un kiosco y ambos son casados. Juan Alberto es mozo en un restaurant de primera
clase. En cuanto a mi trabajo es en una estación de servicio. Y todavía
me acuerdo de aquel momento en que cruzamos el muro, son momentos que quedan
grabados en tu mente

FIN
Autor: Amadeo Inzirillo
<<Volver a cuentame un cuento>>