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Érase una vez, una ardilla que amaba los zapatos.
Sus amigos del bosque, contaban que todos los días
tenía unos zapatos nuevos, altos, bajos, con
Brillitos, claros, de cuero, luminosos, oscuros y muchas
veces, de taco alto.
Resulta, que la ardilla Marisa Patos, tenia un problema
de familia, o Quizás, una tradición de
familia, todos los de apellido Patos usaban zapatos,
el problema era que Marisa. ¡No sabía usarlos!!!!
Se torcía la pata 3 veces cada 3 días,
se caía cada 5 minutos y 3 pares tenían
el taco roto.
Un día, cayéndose y por poco quebrándose,
la ardilla sin paciencia llegó a la casa de su
madre y le pidió su ayuda. La señora Elisa
N. Dalias le tomó una prueba, calculó,
revisó, anotó y volvió a revisar.
Después de media hora de torceduras y porrazos.
Elisa N. Dalias comentó, tendrás que practicar25
veces al día para que apruebes con 7 mi hijita!!!!
Resulta que estas palabras no le afectaron a la joven
ardilla, o eso se cree, porque 1 semana después
8 gigantescas bolsas de zapatos usados y hasta sin usar
rodeaban el árbol de la desesperada ardillita.
¡no quería ni verlos!
Estaba llena de ampollas y acababa de sacarse una venda
del tobillo derecho. |
Unas coquetas zorras, que por allí pasaban, se
maravillaron al ver a tantos zapatos y comenzaron a probárselos,
se los llevaron, los usaron y Después se los regalaron
a sus hijos, y sus hijos a sus hijos y de Generación
en generación hasta que una joven zorrita comenzó
con los Porrazos y torceduras, pero esa, esa es otra historia.
Julieta Irina Longhi
10 Años.
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