ANDERSEN

Hans Christian Andersen(1805-1875)
autor danés

El más famoso autor de cuentos de la literatura europea moderna, novelista, dramaturgo y poeta.

Nació en Odense (Dinamarca) y vivió una infancia de pobreza y abandono, criado en el taller de zapatero del padre. A los 14 años se fugó a Copenhague.

Aunque desde 1822 publicó poesía y obras de teatro, su primer éxito fue Un paseo desde el canal de Holmen a la punta Este de la isla de Amager en los años 1828. Su primera novela, El improvisador, o Vida en Italia (1835), fue bien recibida por la crítica. Viajó por Europa, Asia y África y escribió muchas obras de teatro, novelas y libros de viaje.

Entre sus más famosos cuentos se encuentran El patito feo, El traje nuevo del emperador, La reina de las nieves, Las zapatillas rojas, El soldadito de plomo, El ruiseñor, El sastrecillo valiente y La sirenita. Han sido traducidos a más de 80 idiomas y adaptados a obras de teatro, ballets, películas, dibujos animados, juegos en CD y obras de escultura y pintura.

Había una vez un emperador cuya mayor afición eran los vestidos. Tenía muchisimos, y pasaba horas y horas probándoselos y mirándose en el espejo.

A pesar de ser tan vanidoso, no era mal gobernante, y sus súbditos le querían.

Un día se presentaron ante el emperador un par de pícaros que afirmaban ser grandes sastres. Dijeron que podían confeccionar para él un vestido maravilloso, algo único y nunca visto que lo convertiría en admiración del mundo entero.

- Y además de ser el vestido más hermoso que podáis imaginar, sus propiedades mágicas os serán muy útiles - dijo uno de los dos pícaros.

- Sin duda - añadió el otro -, pues el vestido que os ofrecemos sólo podrá ser visto por las personas inteligentes.

- Realmente , un vestido así me sería muy útil - convino el emperador -, pues me permitiría distinguir a los necios de los sabios, lo cual es muy importante para un monarca... Decidme lo que que necesitáis para hacerme ese traje y poneos rápidamente manos a la obra en los telares del palacio.

Los pícaros pidieron gran cantidad de oro, joyas y seda, se instalaron en los telares y fingieron estar tejiendo, aunque no hacían más que repetir gestos y mover las máquinas con las manos vacías, como si trabajaran con hilos invisibles.

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