La
verdad es que esta mujer parecía muy amable, pero en realidad
era una bruja mala que atrapaba niños para después comérselos.
Ella había construido una pequeña casa de dulces para
tenderles una trampa a los niños.
Después de darles de comer hasta que estuviesen gorditos, se
los comía.
Esta bruja no veía muy bien, pero sí tenía un excelente
olfato. Cuando olfateó que Hansel y Gretel se acercaban a la
casa, lanzó una risita con un cacareo maligno y gritó,
"¡No se me escaparán!"
A la manaña siguiente la bruja despertó a Hansel, lo agarró
con su arrugada mano y lo llevó a un pequeño establo donde
lo encerró detrás de una puerta, las ventanas tenían
barras. Después regresó a la cama de Gretel y la sacudió
hasta despertarla.
"Levántate, niña perezosa," le gritó.
"Anda y tráeme agua para cocinarle algo delicioso a tu hermano.
El está en el establo y tiene que engordar. En cuanto esté
gordito me lo comeré." Gretel empezó a llorar, pero
fue en vano. Ella fue obligada a hacer lo que la bruja le había
ordenado. La bruja le preparó a Hansel una de sus mejores comidas,
pero a Gretel solo le dio de cangrejo.
Todas las mañanas la vieja entraba al establo y gritaba, "Hansel,
saca tu dedo, para sentir si has engordado."
Pero Hansel sacaba un pequeño hueso que había encontrado
en el piso; como la bruja era corta de vista, pensaba que sí
era su dedo y se sorprendió que aún no engordaba.
Así pasaron cuatro semanas. Hansel seguía igual de delgado,
hasta que finalmente la bruja perdió la paciencia. Un día
decidió que no podía esperar mas.
"Deprisa, Gretel, tráeme más agua," le ordenó
a la niña. "Como Hansel esté, gordo o delgado, mañana
lo voy a matar y a cocinar."
Gretel lloraba y lloraba. "Si las bestias en el bosque nos hubiesen
comido, ¡por lo menos hubiésemos muerto juntos!" sollozó.
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"Tus
quejas me tienen sin cuidado," dijo la bruja. "De nada te
servirán."
A la mañana siguiente Gretel tenía que llenar una olla
grande con agua y encender el fuego. "Primero coceremos el pan,"
dijo la bruja. "Ya tengo el horno caliente y la harina amasada."
La bruja empujó a la pobre Gretel hasta las brasas y llamas que
salían del horno.
"Entra adentro para ver si está lo suficientemente caliente,
y así poder poner el pan."
Gretel pensó que una vez que estuviese dentro la bruja le iba
a cerrar la puerta y la iba a asar para comérsela también,
entonces se rascó la cabeza y dio a entender que no lo comprendía.
"No sé cómo entrar adentro," dijo Gretel
"¡Oh, tonta estúpida!" dijo la bruja. "La
puerta es grande. ¿Ves? ¡Hasta yo podría pasar por
ella!"
La bruja puso su cabeza dentro de la puerta del horno. Inmediatamente
Gretel empujó a la bruja dentro del horno caliente. Luego cerró
la puerta de hierro y le puso el cerrojo. ¡Eso fue suficiente
para acabar con la malvada bruja!
Gretel corrió hacia Hansel, abrió la puerta del establo
y le gritó, "¡Hansel, somos libres! ¡La vieja
bruja está muerta!"
Bailaron de alegría y se abrazaron. Después, como ya no
tenían nada que temer, recorrieron toda la casa, donde encontraron
toda clase de perlas y piedras preciosas.
"Bueno, marchémonos ahora mismo. Estoy seguro que ahora
sí podremos encontrar la salida de este bosque embrujado,"
dijo Hansel.
Después de haber caminado por el bosque durante una o dos horas,
los niños llegaron a un río grande."No creo que podamos
llegar al otro lado," dijo Hansel. "No veo un puente o alguna
balsa."
"Ni siquiera hay un bote," contestó Gretel. "Pero,
mira, ahí hay un pato blanco. Si se lo pido con cariño,
a lo mejor nos ayuda a cruzar el río."
"Bueno, marchémonos ahora mismo. Estoy seguro que ahora
sí podremos encontrar la salida de este bosque embrujado,"
dijo Hansel.
Después de haber caminado por el bosque durante una o dos horas,
los niños llegaron a un río
grande.
"No creo que podamos llegar al otro lado," dijo Hansel. "No
veo un puente o alguna balsa."
"Ni siquiera hay un bote," contestó Gretel. "Pero,
mira, ahí hay un pato blanco. Si se lo pido con cariño,
a lo mejor nos ayuda a cruzar el río."
Y entonces le dijo al pato: "Patito, patito, ¿no puedes
ver, que Hansel y Gretel esperan por ti? Ni tabla, ni puente a la vista
hay en tu blanca espalda déjanos cruzar."
Al momento el pato nadó hacia ellos y Hansel se le sentó
en el lomo.
Quería que su hermana se sentase a su lado. "No," dijo
Gretel. "Los dos juntos somos mucho peso para el pato. Nos llevará
al otro lado uno por uno."
Una vez al otro lado del río, sanos y salvos, los niños
empezaron a caminar otra vez. En el camino, el bosque se les hacía
conocido y empezaron a reconocer cosas y lugares que habían visto
antes. Por último gritaron de alegría cuando vieron el
lugar donde estaba su casa.
Entonces los niños empezaron a correr; entraron a la casa y echaron
sus brazos alrededor del cuello de su padre.
El hombre estaba loco de contento de ver a sus niños sanos y
salvos. No había tenido ni una hora feliz desde que los había
dejado abandonados en el bosque, y su esposa ahora estaba muerta.
Gretel vació el bolsillo de su delantal y las perlas y piedras
preciosas rodaron por el cuarto. Hansel sacaba un puñado tras
otro de joyas de sus bolsillos.
Por fin sus penas se terminaron.
Desde ese día la familia nunca más padeció de hambre
y todos vivieron juntos y felices para siempre.
