Hermanos Grimm

- pobrecillos, van desnudos y deben pasar frío - dijo la mujer.

- Y además van descalzos - dijo el zapatero -, Podríamos hacerles ropa y zapatos en agradecimiento por lo que ellos han hecho.

Inmediatamente, el zapatero y su esposa se pusieron a trabajar.

Al día siguiente tenían listos un montón de zapatitos y ropitas para los duendes. Por la noche, lo pusieron todo sobre la mesa y volvieron a esconderse para ver que pasaba.

Al dar las doce, aparecieron de nuevo los hombrecillos, y al ver los diminutos vestidos y zapatos qque habían preparado para ellos, se pusieron a dar saltos de alegría. Empezaron a ponerse las ropitas, como si fuera un juego muy divertido, y cuando todos estuvieron vestidos y calzados, se marcharon alegremente por donde habían venido.

Los duendes no volvieron nunca más, pero como el zapatero ya se había hecho famoso y le sobraba el trabajo, él y su mujer vivieron felices el resto de sus días

Cuentos de Ayer
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