Luis Franco
1898 - 1988

Escritor nacido en Belén, provincia de Catamarca.Autor de poemas, narraciones y ensayos.
A los 17 años ganó el Premio de Honor en el certamen literario denominado Juegos Florales en Tucumán con la obra Oda Primaveral.
A los 20 años escribió el libro Flauta de Caña y posteriormente se traslada de nuevo a Buenos Aires.
Por "Costelación", recibió el Premio Municipal en 1960.
En 1984 fue galardonado con el Gran Premio de Honor de la SADE.
Durante muchos años fue colaborador del diario "La Prensa" de Buenos Aires.
Próximo a cumplir sus 90 años murió en un asilo de ancianos de Ciudadela, Buenos Aires, el 1 de Junio de 1988.

El zorro era de esos jubilados natos, capaces de hacerse condenar por no trabajar.
Se la pasaba por ahí, tumbado panza arriba, juntando sol para la noche.
Era de más bachillería que sesos.
Como tenía una chacra y la trabajaba lo menos osible, le propuso un día al peludo que la sembrasen a medias. No buscó socio al acaso. El peludo, muy poco amigo de salir de casa, era labrador de veras, sujeto de pasarse los días y los días revolviendo la tierra. Era cristiano de ad-vertencia, además, aunque prefería no parecerlo, y, en cuanto a la conciencia, ¡limpia como el trigo en la espiga! Él lo conocía al zorro con su costal de malicia a cuestas, pero el zorro no lo conocía a él. No chica ventaja.
-Este año, compadre -le dijo el zorro-, será para usted lo que den las plantas abajo de la tierra, y para mí lo que den arriba. ¿le conviene?
-Como usted diga condescendió el peludo, bajando un poco las quijadas,
El peludo resolvió sembrar papas. La cosecha fue más que regular pero, es claro, al zorro sólo le tocó un montón de hojarascas.
En la siguiente estación, el zorro cambió de naipes.
-En esta nueva siembra es justo que a mí me toque lo de abajo de la tierra y a usted lo de arriba, ¿eh, compadre?
-Usted lo ha dicho- contestó el peludo, llevándole siempre el amén a su socio.
-Esta vez sembró trigo, y a fin de año llenó su troje de buen grano, mientras el coludo no supo qué hacer con tanto desperdicio de raices.
Pero no dio el brazo a torcer. La tercera era la vencida.
-Vea, compadrito -le dijo a su socio-, este año, si le parece bien, para usted será todo lo que den las plantas en el medio y yo me conformaré con lo que den arriba y abajo de la tierra... (y le echó una mirada de reojo).
-¡Pero muy bien, compadrito! -respondió el cascarudo, frunciendo los ojos en la sonrisa, simulando siempre no sospechar las emponchadas intenciones de su aparcero.
Esta vez sembró maíz. Se hartó de choclos y le sobró grano. El zaino del zorro no supo qué hacer con las flores y las raíces que le tocaron.
Luis Franco

Luis Franco, Veintisiete cuentos del Norte argentino,
Editorial Atenas

 

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