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En
un primer momento en Chascomús, provincia de
Buenos Aires, inició trabajos que se consideran
como los primeros esfuerzos argentinos en ese campo:
recogió y reconstruyó fósiles,
algunos ya conocidos pero otros nuevos. Más
tarde, en las barrancas del río Luján,
realizó durante veinte años la fecunda
tarea de remover y sacar a la luz un extraordinario
mundo fósil allí sepultado.
Nació en Monte Grande, Provincia de Buenos
Aires, el 21 de diciembre de 1795. En 1807, a los
11 años de edad, se alistó como cadete
en el Regimiento de los Andaluces y fue herido de
bala en una pierna mientras intervenía en la
defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas.
La Escuela de Medicina, creada en 1801, no había
atraído la atención de muchos alumnos,
por lo que, a sugerencia del doctor Cosme Argerich
se la reemplazó por el Instituto Médico-Militar,
con la finalidad primordial de formar cirujanos para
los ejércitos patrios. Este instituto, bajo
la dirección de Argerich, inició sus
actividades en 1814 y contó entre los alumnos
inscriptos a Francisco Javier Muñiz, que se
graduaría como médico en 1822, cuando
el instituto mencionado ya había pasado a formar
parte de la Universidad de Buenos Aires (creada en
1821), donde se doctorará recién en
1844.
En enero de 1825 fue designado cirujano militar en
el cantón de la Guardia de Chascomús.
Allí, organizó el primer hospital de
campaña y confeccionó el reglamento
para el cuerpo de cirugía. Durante las campañas
militares contra los indígenas a las que asistió,
Muñiz, un hombre con inquietudes múltiples,
realizó estudios sobre los usos, las costumbres
y las creencias de los aborígenes.
Por otra parte, el hallazgo de esqueletos fósiles
en las orillas de la laguna de Chascomús y
de arroyos vecinos estimularon su vocación
de naturalista: recogió restos de un gliptodonte
y descubrió por primera vez el tatú
fósil o gran armadillo. Su condición
de aficionado, todavía con escasa experiencia,
le impidió reparar en la importancia del hallazgo
y omitió entonces documentar el hecho en alguna
publicación. Trece años después,
en 1838, Alcides DOrbigni, explorador francés,
encontró restos del mismo animal extinguido
en las márgenes de un afluente del río
Santa Lucía, en Uruguay, le asignó el
nombre de Dasypus giganteus y se quedó con
los honores del descubrimiento.
En 1826, al estallar la guerra contra el imperio del
Brasil, Bernardino Rivadavia designó a Muñiz
como médico y cirujano principal, correspondiéndole
el grado de teniente coronel. En carácter de
tal tuvo a su cargo durante toda la campaña
el servicio de hospitales y ambulancias, que se cumplía
con 32 carros cubiertos.
Sus primeros trabajos científicos en el campo
de la medicina se refirieron a la vacuna antivariólica
(contra la viruela). Desde 1828, como Administrador
de Vacuna en el Departamento Provincial del Centro
(Rivadavia había dividido la campaña
bonaerense en tres departamentos denominados Norte,
Centro y Sur), procuró aplicar la vacuna preventiva,
que en ese entonces se transmitía de brazo
en brazo, a gran número de los pobladores de
su vasta jurisdicción político-sanitaria.
El valor de esta tarea se observa claramente si se
tiene en cuenta que la viruela, introducida en América
por los conquistadores, se manifestaba en epidemias
devastadoras, cuyas víctimas llegaron a contarse
por millones. Además ensayó -en su momento
se creyó que con éxito, pero hoy se
sabe que no fue así- el tratamiento de afecciones
cutáneas mediante la inoculación múltiple
de la vacuna antivariólica, lo que le valió
el reconocimiento de la Real Sociedad Jenneriana de
Londres.
En 1828, cuando se estableció en la Villa de
Luján, Muñiz era ya un experto naturalista
que había estudiado la obra cumbre del fundador
de la paleontología -el gran naturalista francés
Georges Léopold Cuvier- Investigaciones sobre
las osamentas fósiles. En estas condiciones
se dispuso a proseguir sus investigaciones paleontológicas,
iniciadas años atrás en Chascomús,
en el tiempo libre que le dejaba el quehacer médico.
La elección de Muñiz de la Villa de
Luján no fue casual; tiempo atrás, en
1787, el padre dominico Manuel de Torres había
descubierto la existencia de yacimientos fosilíferos
en las barrancas del río Luján. Entonces
comenzó Muñiz, sin recursos ni apoyo,
a exhumar restos de especies animales extinguidas.
Unas ya conocidas y otras descubiertas por primera
vez, las reconstruyó y estudió con dedicación
y paciencia. Entre sus hallazgos figuran toxodontes,
mastodontes, megaterios, gliptodontes, lestodontes,
osos y caballos fósiles.
Otras de las ocupaciones de Muñiz en Luján
fue la de ejercer como Médico de Policía.
Este cargo fue creado por Rivadavia -quien estaba
interesado en incrementar la población del
país- en 1822 para mejorar la salud pública.
Quienes asumían esta función debían,
entre otras tareas, vigilar las condiciones sanitarias
tanto de las personas como de los animales -ya que
entonces no existían veterinarios-, controlar
el ejercicio de la medicina y combatir el curanderismo.
Una circunstancia crucial en la que Muñiz tuvo
que demostrar su aptitud se produjo en 1836/37 cuando
llegó a la campaña bonaerense una epidemia
de escarlatina que se venía expandiendo desde
Perú hacia el sur. El fruto de la gran experiencia
clínica que Muñiz recogió en
aquellas circunstancias se vio luego reflejado en
Descripción y curación de la fiebre
escarlatina, que publica ¨La Gaceta Mercantil¨
en 1844 y se edita luego en un folleto de ochenta
páginas. También produjo trabajos sobre
vacunas (La vacuna indígena), sobre cirugía
y medicina legal, y sobre Paleontología argentina,
que fueron compilados por Sarmiento en 1885 en el
libro Vida y escritos del Coronel Dr. Francisco J.
Muñiz. Será éste quien defina
a Muñiz en su función de intelectual:
¨Muñiz tenía todas las intuiciones
de las ideas que empiezan a agitar al mundo moderno¨.
En 1841 Muñiz le "regaló"
su colección paleontológica al gobernador
Rosas: eran once cajones acompañados por una
nómina de los fósiles que a su vez Rosas
obsequió al almirante francés Dupotet.
No está claro que se haya tratado de un obsequio
voluntario. Para algunos, entre ellos Florentino Ameghino
no fue otra cosa que un despojo, pues Rosas habría
obligado a Muñiz a hacer la pretendida "donación".
Sin embargo, a pesar de esta contrariedad, Muñiz
no se desanimó, siguió trabajando y
llegó a reunir una nueva y más amplia
colección de fósiles que donó
en 1857 al museo de Buenos Aires. Su descubrimiento
paleontológico más importante fue el
"tigre fósil" (muñifelis o
Smilodon Bonaerensis), realizado en 1844.
En 1844, la ciudad de Buenos Aires quedó desprovista
de la vacuna antivariólica: en estas circunstancias
fue requerida la ayuda de Muñiz, quien en un
gesto de altruismo se trasladó a la metrópoli
con una de sus hijas, de pocos meses, recién
vacunada, con cuya linfa pudieron ser inoculadas más
de veinte personas. Esta noble actitud del doctor
Muñiz permitió restablecer la práctica
de la vacuna en la gran ciudad.
Muñiz estableció vinculación
y amistad epistolar con Charles Darwin. Esto ocurrió
a partir de que el científico argentino remitió
respuestas precisas y muy detalladas ante una serie
de preguntas formuladas por el gran hombre de ciencia
británico sobre la variedad bovina llamada
vaca ñata (especie de ganado que era relativamente
frecuente en el territorio ocupado por los indios
pampas).
En 1847, tras varias postergaciones por la falta de
elementos indispensables, da fin a sus Apuntes topográficos
del territorio y adyacencias del Departamento del
Centro de la Provincia de Buenos Aires, con algunas
referencias a los demás de su campaña.
La obra, además de ser una reseña topográfica,
analiza la composición del suelo con descripciones
geológicas de la formación pampeana,
estudia los agentes climáticos, la alimentación,
el trabajo, los caracteres físicos y psíquicos
de los habitantes y las enfermedades más peculiares.
Este completo ensayo en que el médico aparece
felizmente combinado con el geólogo, el etnógrafo
y el higienista es un anticipo del advenimiento de
la ecología, al poner en relación los
factores ambientales con la salud y las enfermedades
del hombre y los animales.
A fines de 1848 decidió regresar definitivamente
a Buenos Aires tras veinte años de trabajo
en Luján. Rosas lo designó en 1849 Conjuez
del Tribunal de Medicina y en 1850 catedrático
de Partos, Enfermedades de Mujeres y de Niños.
Por otra parte, el voto de la mayoría de sus
pares lo llevaron a la presidencia de la Facultad
de Medicina desde 1858 hasta 1862.
En la batalla de Caseros (1852) Muñiz participó
sólo en forma secundaria: se encargó
del envío del material médico necesario
para la asistencia de los heridos. Luego, en 1853
-cuando Rosas ya había dejado el poder-, fue
electo Diputado Provincial por la sección de
la campaña que comprendía la Villa de
Luján y al año siguiente se lo consagró
Senador.
En 1871, murió víctima de la fiebre
amarilla durante una feroz epidemia que azotó
a Buenos Aires. |