Un
poco de historia...
El
25 de mayo de 1810 se estableció la Junta de
Gobierno que asumió la conducción política
de lo que era hasta ese momento el Virreynato del
Río de la Plata, desplazando a las autoridades
españolas. La presidencia de tal organismo
de gobierno fue confiada al Coronel Cornelio Saavedra,
quien ejerció asimismo la Comandancia General
de Armas.
Esto
constituyó un indicio cierto sobre la existencia
de una profunda convicción: la Revolución
tendría que ser solventada en el terreno de
los hechos.
El
día 28, como reafirmación de tal premisa,
se procedió a crear el Departamento de Gobierno
y Guerra, cuya titularidad pasó a desempeñar
Mariano Moreno. De inmediato se expidió un
Bando de la Junta ordenando la entrega de todas las
armas, de cualquier tipo, en poder de los particulares,
con el propósito de asegurar el armamento de
una fuerza orgánica propia que avale el movimiento
en expansión hacia las provincias interiores.
Precisamente para dar una estructura sólida
a ese propósito, el 29 de mayo inmediato se
decretó la creación de los cuerpos militares
estables sobre la base de los batallones preexistentes,
consolidados en los años inmediatamente anteriores
a raíz de las invasiones inglesas y los malones
de tribus indígenas.
Jura
de la Junta de Gobierno Patrio
Surgieron en tal ocasión los regimientos 1
y 2 de Patricios; el 3, originado en los efectivos
de arribeños y las compañías
de indios naturales; el 4, a partir de las milicias
de Montañeses; y el 5, tomando a los elementos
del Batallón de Andaluces. Asimismo se remontó
como regimiento al conocido como de Fernando VII,
encarándose la reestructuración de la
caballería y la artillería heredadas
del estado virreynal.
Esas
providencias fueron tomadas en la fecha preindicada,
por cuyo motivo se la reconoce como la del nacimiento
del Ejército Argentino.
La
Junta, dadas las urgencias de la guerra, no tuvo tiempo
de cambiar la organización y doctrina que regían
bajo el mandato español, por lo cual en las
primeras épocas se mantuvieron las reales ordenanzas
de Carlos III (incluyendo el reglamento de instrucción
y táctica de cada arma); la Inspección
de Armas y los Consejos de Guerra.
Esta
estructura castrense fue utilizada por las autoridades
de Buenos Aires para hacer reconocer sus potestades,
entusiasmar a los pueblos del interior por la causa
revolucionaria, rechazar a los enemigos de este movimiento
y asegurar la posesión de los territorios estratégicos.
Los
hechos vinieron a justificar plenamente, con posterioridad,
aquella previsión del Primer Gobierno Patrio.
Las Fuerzas así formadas constituyeron el fundamento
de los ejércitos que, a poco andar, llevaron
el grito de libertad al Alto Perú, el Paraguay
y la Banda Oriental del Uruguay.
De
esas primeras pruebas, esta institución militar
acompañó al pueblo en todas sus vicisitudes,
protagonizando las campañas de la emancipación
nacional, las contiendas por la preservación
de las fronteras internacionales, la incorporación
del desierto a la civilización, y la reafirmación
de los derechos argentinos en el Atlántico
Sur.
La
celebración del 29 de mayo, Día del
Ejército, permite sin duda evocar todos esos
actos y abrir perspectivas de aliento para el futuro
de la República.
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