Florentino
Ameghino
Naturalista (Paleontólogo y antropólogo)
1854 - 1911
Fue
la primera gran figura de la ciencia nacional y
la que alcanzó, seguramente, mayor trascendencia
internacional.
Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio
científico del país sin más
fuerzas que su formidable tesón y el apoyo
de su hermano Carlos, y sin más financiamiento
que los exiguos fondos obtenidos de una librería,
negocio que manejó durante años en
La Plata. A pesar de ello, Ameghino produjo obras
que no tuvieron igual en su tiempo y en su país,
como la monumental Contribución al
conocimiento de los mamíferos fósiles
de la República Argentina, de 1889,
que le valió la medalla de oro en la Exposición
Universal de París, o Filogenia,
principios de clasificación transformista
basados sobre leyes naturales y proporciones matemáticas,
que lo ubicó entre las pocas figuras mundiales
del enfoque paleontológico de la biología
evolutiva.
En palabras de Sarmiento, Ameghino era entonces,
"un paisano de Mercedes que aquí nadie
conoce, pero que es admirado por los sabios del
mundo entero."
En su trayectoria científica se pueden distinguir
tres etapas. La primera, que coincide con su juventud,
estuvo especialmente dedicada a las exploraciones
del suelo pampeano y a estudios sobre la antigüedad
del hombre en América. Se puede decir que
en este período, que abarca desde 1875 a
1882, Ameghino fue un antropólogo.
La segunda etapa es la más trascendente de
su producción científica. Vuelto de
Europa con un gran caudal de conocimientos -adquiridos
de sus colegas, y en los museos de París,
Bruselas y Londres-, y con el material que provenía
de los viajes expedicionarios de su hermano Carlos
a la Patagonia, Ameghino fue realizando un monumental
estudio de cientos de fósiles, que interpretaba
a la luz del evolucionismo darwiniano, aún
cuando esta teoría no se hallaba firmemente
establecida entre los naturalistas. Son también
estos los años en los que más sufre
y más lucha contra la pobreza; financia sus
emprendimientos con las ganancias de una modesta
librería y sólo en 1903, cuando prácticamente
había completado su obra, recibió
la primera designación duradera del Estado.
Cierra esta etapa de su vida en 1906 con Formaciones
sedimentarias del Cretáceo Superior y del
Terciario de Patagonia, una obra de síntesis
que no se limita a las descripciones, sino que plantea
hipótesis sobre la evolución de los
diversos mamíferos y analiza las distintas
capas de la corteza terrestre y sus posibles edades.
Finalmente, entre 1907 y 1911, vuelve Ameghino a
su primitiva dedicación: el hombre fósil,
las descripciones de los primeros habitantes, sus
industrias y culturas.
Impresiona el volumen que alcanzaron sus publicaciones
en los 57 años que vivió. En una recopilación,
publicada como Obras Completas, se
cuentan 24 volúmenes de entre 700 y 800 páginas
cada uno, que contienen clasificaciones, estudios,
comparaciones y descripciones de más de 9000
animales extinguidos, muchos de ellos descubiertos
por él. Tal importante era este catálogo
en relación con la cantidad total de mamíferos
extinguidos conocidos en el mundo entero, que científicos
de América y Europa viajaban a la Argentina
a conocer la "colección de Ameghino",
escépticos y curiosos, para rendirse por
fin, ante la evidencia de la verdad y el genio del
naturalista.
De
su vida se sabe bastante, gracias a la somera reseña
autobiográfica que realizó. Es muy
probable que haya nacido en Luján, (Buenos
Aires), en setiembre de 1853. Sin embargo algunos
historiadores ponen en duda este dato y creen posible
que Génova, Italia, sea su lugar de nacimiento.
De todas maneras vivió, se formó y
desarrolló su labor científica en
Argentina.
Su formación primaria la realizó en
forma particular y como entretenimiento infantil
recogía huesos en las barrancas de Luján.
En Buenos Aires siguió estudios secundarios
que no concluyó y enseguida se trasladó
a la localidad bonaerense de Mercedes, donde fue
maestro, director de una escuela y dedicó
nueve meses al estudio geológico y paleontológico
de los terrenos de la llanura pampeana.
En 1875 dio a conocer las primeras especies nuevas
que había descubierto. En el mismo año,
se presentó en un concurso-exposición
organizado por la Sociedad Científica con
siete cajas de fósiles. Pero a los jurados
poco les interesaban aquellas reliquias y sólo
las premiaron con la última de las catorce
menciones honoríficas. Ameghino insistió
al año siguiente con una memoria sobre el
cuaternario -la más reciente era geológica-
que ni siquiera fue considerada.
La Exposición Internacional de París
de 1878 es adonde lleva luego su ya crecida colección
de fósiles.
En Europa siguió cursos, visitó museos,
se relacionó con importantes científicos
y pudo publicar La antigüedad del hombre
en el Plata y Los Mamíferos fósiles
en la América Meridional, que se
traduciría más tarde al francés.
En 1884 publicó Filogenia,
una obra teórica en la que desarrolla su
concepción evolucionista, de neto corte lamarckiano,
y propicia, con intuición precursora, la
fundación de una taxonomía zoológica
de fundamentos matemáticos.
En 1886, Francisco P. Moreno lo nombró vicedirector
del Museo de La Plata, asignándole la sección
de paleontología, que Ameghino enriqueció
con su propia colección. Pero fue poco el
tiempo en que estos dos científicos trabajaron
juntos y la Cátedra de Zoología de
la Universidad de Córdoba fue el inmediato
destino de Ameghino desde 1888. Un año después
presentó en las Actas de la Academia Nacional
de Ciencias su obra magna, compuesta por 1028 páginas
y un atlas: Contribución al conocimiento
de los mamíferos fósiles de la República
Argentina.
Cuando se estaba desempeñando como profesor
de mineralogía y geología en La Plata,
fue convocado para hacerse cargo de la dirección
del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos
Aires, en reemplazo de Germán Burmeister,
quién fuera su gran oponente intelectual,
y de Carlos Berg. Con la dirección de Ameghino,
que contaba con un muy bajo presupuesto, el museo
consiguió acrecentar notablemente su material.
Desde las primeras publicaciones de Ameghino, se
despertó en el extranjero, sobre todo en
los Estados Unidos, la curiosidad por observar directamente
y poder coleccionar los fósiles de mamíferos
patagónicos. Así, en distintas épocas,
destacados hombres de ciencia recorrieron nuestro
país y produjeron importantes trabajos.
Otro aspecto de su obra está representado
por las construcciones teóricas y doctrinarias,
con las que estructuró todas sus observaciones
y descubrimientos, y que aparecen en Mi Credo,
la concepción del universo según un
filósofo científico y en Los Infinitos.
Por muchos años, defendió con pasión
una tesis errónea, algo que no desacreditó
su excepcional trayectoria. Supuso que el hombre
se había originado en América y que
el suelo argentino, o algún territorio próximo
a él, fue la cuna de nuestra especie, de
manera que las migraciones humanas que poblaron
los demás continentes arrancaron desde aquí
y pasaron a través de puentes hoy inexistentes.
Ameghino puso al servicio de esta doctrina antropológica
todos sus hallazgos.
Estas ideas implicaban la adhesión a la teoría
de la evolución, aún no aceptada en
aquella época por todos los naturalistas:
Ameghino fue el gran introductor del darwinismo
en la Argentina.
Esta obra se basa en las colecciones comenzadas
con las expediciones anuales de Carlos Ameghino
a la Patagonia, allá por 1887. En un singular
trabajo de colaboración, año tras
año Carlos enviaba a su hermano documentación
minuciosa sobre las sucesivas faunas extinguidas
que la naturaleza había preservado en los
suelos de Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Río
Negro. Entonces, en la trastienda de su comercio
de librería, Florentino Ameghino fue realizando
un estudio sistemático de esos cientos de
fósiles, que interpretaba a la luz del evolucionismo.
George Gaylord Simpson, uno de los fundadores de
la "Teoría Sintética de la Evolución",
calificó esta empresa como "uno de los
más notables logros en la historia de la
ciencia."
Es así que su obra alcanza visos de genialidad.
No sólo por su volumen y amplitud (hizo estudios
antropológicos, paleontológicos y
geológicos) sino por formar parte de un enfoque
integrado, que le permitió realizar una reconstrucción
paleogeográfica del continente y de las migraciones
de animales extinguidos a lo largo del tiempo geológico.
Además, realizó trabajos sobre el
lenguaje (en El origen poligénico del
lenguaje, de 1910), propuso un nuevo sistema
de escritura taquigráfica, que él
mismo utilizaba para tomar notas (Taquigrafía,
de 1880), y analizó los problemas ambientales,
en trabajos tales como Las sequías
e inundaciones de la Provincia de Buenos Aires,
de 1884, un trabajo que actualmente es objeto de
culto entre los climatólogos.
Florentino Ameghino murió en La Plata, en
1911, en medio de una atmósfera de generalizado
reconocimiento a su labor y a su figura. Ese mismo
reconocimiento que le había faltado en la
época de oro de su trabajo científico.
Tan importante como su obra paleontológica
fueron las proyecciones que estas adquirieron y
sus escritos filosóficos. A pesar de que
no se considera un filósofo, obras como Mi
Credo lo posicionan como el primer filósofo
explícito de la ciencia que diera al mundo
América Latina.
Murió en La Plata (Buenos Aires) el 6 de
Agosto de 1911.