| Manuel
Dorrego nació el 11 de Junio de 1787 en la
ciudad de Buenos Aires. Hijo de José Antonio
de Dorrego y María de la Ascensión Salas,
fue el menor de cinco hermanos. En 1803 ingresó
en el Real Colegio de San Carlos.
En
la Universidad de San Felipe se unió a los
que trabajaban por la independencia local, se convirtió
en uno de los cabecillas de la incipiente rebelión.
Triunfante, tras varias alternativas, el movimiento
emancipador en Chile, Dorrego abandonó los
estudios, ingresó al ejército y ganó
el ascenso a capitán en la represión
de un motín antirrevolucionarlo. De regreso
en Buenos Aires se unió a las tropas que marcharon
al norte con Saavedra después del desastre
de Huaqui.
Producida la revolución de Septiembre de 1811,
quedó a las órdenes de Juan Martín
de Pueyrredón, integrando las avanzadas que,
al mando de Diez Vélez, iban en ayuda de los
sublevados de Cochabamba. Herido dos veces en combate,
alcanzó el grado de teniente coronel, quedando
con la cabeza inclinada hacia un hombro por el resto
de sus días a causa de esas heridas.
A las órdenes de Belgrano,
Dorrego se batió heroicamente en las batallas
de Salta y Tucumán. Confinado por actos de
indisciplina, estuvo ausente de Vilcapugio y Ayohúma,
pero en 1813, ya Coronel, tomó el mando de
1a vanguardia patriota, interviniendo en la formación
de las milicias gauchas. Confinado por San
Martín por nuevos actos de indisciplina,
en Mayo de 1814 se ordenó su traslado a Buenos
Aires.
Al mando de Alvear, luchó contra Artigas y,
vencedor de Otorgués en Marmarajá, fue
vencido por Rivera en Guayabos. A su regreso a Buenos
Aires, en 1815, contrajo enlace con Angela Baudrix.
Lanzado a la lucha política, se pronunció
por el gobierno federativo y auspició la autonomía
de Buenos Aires. Junto con Manuel Moreno, Domingo
French, Agrelo, Pagola y otros, fue decidido opositor
del Director Pueyrredón. Intervenía
en la Invasión de Santa Fe ordenada por el
Director Supremo cuando, molesto por la guerra civil,
pidió pasar con su regimiento al ejército
que San Martín preparaba
en Mendoza. Conocida su oposición a los planes
monárquicos, Pueyrredón lo deportó
el 15 de Noviembre de 1816. Sólo al tercer
día de viaje supo cuál era su destino.
Después de una accidentada travesía
llegó a Baltimore, enfermo y sin recursos.
Ésto refirmó sus convicciones federalistas.
Volvió a Buenos Aires en 1820, después
de la caída del Directorio. Rehabilitado en
su grado de Coronel, tuvo el mando militar de la ciudad
después de los sucesos del 20 de Junio y fue
gobernador interino. Trató de negociar la paz
con Estanislao López, pero, enfrentado finalmente
con éste, fue vencido en Gamonal. Dorrego,
entonces, presentó su candidatura a gobernador
en la provincia de Buenos Aires. Vencido en las elecciones
por Martín Rodríguez, lo hizo reconocer
por sus tropas. Siempre en la oposición, fue
desterrado a Mendoza, huyó a Montevideo y regresó
al amparo de la Ley del Olvido. En 1823, electo representante
ente la Junta, proyectó la supresión
de las levas y desde su periódico El Argentino
defendió las tesis federalistas en contra del
gobierno de Martín Rodríguez y de Rivadavia.
En 1825, Interesado en negocios de minas, viajó
al norte, visitando a los gobernadores federales Bustos,
Ibarra y Quiroga. Vio luego a Bolívar, que
lo impresionó profundamente y a quien consideró
el único capaz de contener al emperador del
Brasil, entonces en actitud amenazante contra las
Provincias Unidas.
Electo representante por Santiago del Estero en el
Congreso Nacional, al discutirse la Constitución
de 1826 sé destacó en los debates sobre
la forma de gobierno y el derecho al sufragio. Desde
El Tribuno atacó las medidas centralizadoras
de Rivadavia, ganando prestigio
en las provincias, en donde se lo consideraba uno
de los dirigentes más caracterizados del federalismo
en Buenos Aires. Influyó con su prédica
en la crisis que culminó con la renuncia de
Rivadavia a la presidencia
de la Nación.
En Agosto de 1827 fue electo Gobernador de la provincia
de Buenos Aires. En esa función lo sorprendió
la sublevación unitaria del 1º de Diciembre
de 1828 que lo derrocó y lo llevó al
patíbulo. |