logo

Ud. está en:
Francisco Civit
(1873-1876)
Este típico liberal de la época fue una figura clave de la política mendocina de las últimas tres décadas del siglo XIX
Cuando Francisco Civit se sentó en el sillón de San Martín consolidó años de participación en la cosa pública local y se confirmó como una figura clave de la política mendocina de los últimos 30 años del siglo XIX. Civit nació en Mendoza el 20 de enero de 1829, pero de niño emigró con su familia a Chile. A su regreso se dedicó al comercio y, junto a su hermano Salvador, a la vitivinicultura. A la vez, se iniciaba en la vida pública y en su pasión: la política. En 1862 fue diputado y al año siguiente, comisario de Guerra de la Provincia. En el ’66, el gobernador Melitón Arroyo lo nombró ministro general de Gobierno –especie de vicegobernador–, por lo que la Revolución de los Colorados, que depuso al mandatario en noviembre de ese año, lo obligó a huir hasta que el movimiento fue derrotado y Arroyo repuesto, en abril de 1867.
Revolución mitrista. En marzo de 1873, el Club Liberal lo proclamó candidato al sillón, apoyado por el entonces gobernador Arístides Villanueva, con quien estaba emparentado. Así enfrentó a Carlos González, con lo cual la puja entre civitistas y gonzalistas pasó a ser cara a cara. A nivel nacional, los primeros apoyaban a Nicolás Avellaneda; los otros, a Bartolomé Mitre. Finalmente, Civit fue elegido el 11 de octubre del ’73 en un clima de tensión y violencia, que incluyó levantamientos y hasta un intento de magnicidio contra Villanueva. Los primeros esfuerzos de su administración se abocaron a enfrentar la revolución de 1874 en el ámbito nacional y que tuvo origen en la sucesión presidencial. Avellaneda, candidato del oficialismo y por ende del presidente Domingo F. Sarmiento, logró imponerse a Mitre, del Partido Nacionalista. Los mitristas no aceptaron los dudosos resultados de las urnas y se alzaron en armas. Los apoyaban varios jefes militares, algunos gobernadores del interior y estancieros bonaerenses. Pero la revolución fue derrotada primero en Buenos Aires y luego en Mendoza, el otro foco importante de la sublevación. Típico liberal de la época. Reinstalado en el gobierno el 31 de mayo de 1874, Civit demostró su ideal de que el progreso pasaba por la educación y el desarrollo de la agricultura, así como la eliminación de toda oposición vinculada al pasado tradicional, o sea, federal. Todo lo enfrentó con presupuestos estrechos y mano dura, fiel a su energía y decisión, que se traducían en un carácter intransigente y difícil. Durante su gestión, la Provincia recibió un premio nacional de diez mil pesos fuertes porque sus escuelas primarias tenían un número mayor de niños que la décima parte de la población. En su último año, el número de alumnos en las escuelas estatales era de 7.900, “sobresaliendo por su asistencia a clases. Una de sus preocupaciones fue hacer conocer a través de exposiciones anuales los productos naturales y manufacturados de la provincia, las cuales solían realizarse en mayo, en consonancia con el aniversario de la revolución de 1810. También se participó en exposiciones internacionales, como la de Filadelfia de 1874. Luego se autorizaron diez mil pesos por año en premios para fomentar el agro. Otro interés fue el establecimiento de colonias agrícolas ligadas a los planes inmigratorios de la Nación. Se destinaron tierras en la margen izquierda del río Diamante, los terrenos comprendidos entre los ríos Grande y Barrancas, y varias leguas en Punta del Agua. Para favorecer ese proceso, la Legislatura destinó 6.200 pesos en el Presupuesto de 1876. En el intento de volver productivas las tierras, surgió una controversia entre el Gobierno y el obispo de Cuyo. La Ley de Redención Voluntaria de Capellanías pretendía tomar tierras de la Iglesia para poder arrendarlas, lo que no agradó a las autoridades eclesiásticas, quienes fijaron en las paredes de los templos avisos prohibiendo a los sacerdotes absolver a los compradores de bienes eclesiásticos. Debió intervenir la Nación, que le dio la razón a la Provincia. También se le permitió al mayor Rufino Ortega “avanzar la frontera hasta el río Malargüe” donándole terrenos bajo el compromiso de poblarlos y proteger del avance del indio. En cuanto a concesiones a particulares, en febrero de 1874 se otorgó por diez años la explotación del petróleo que surgiera en un campo del Sur provincial. Casi al término de la gestión, se le otorgó a Elías Villanueva, presidente de la Legislatura, el privilegio para instalar un matadero público que funcionó en donde alguna vez se ubicó el Cabildo. Estas concesiones, si bien contribuían a mejorar la vida de los ciudadanos, también denuncian cómo la pertenencia a cierto grupo de poder conllevaba ciertos beneficios.
Primeras dependencias nacionales. El 15 de enero de 1874 se estableció una oficina de estadísticas y en setiembre llegó a Mendoza el personal que organizaría la sucursal del Banco Nacional, primera institución bancaria de ese tipo en la provincia. Dos años después se conformó el Banco Mixto provincial. En agosto de 1874 se firmó un convenio con Juan Clark, empresario del ferrocarril de Buenos Aires a Mendoza y San Juan, y del Trasandino, por el cual se le concedieron tierras fiscales por donde iría avanzando el tendido del riel. Sin embargo, Clark nunca avanzó en la línea que unía el Litoral con Mendoza. El 29 de abril de 1874 se dictó una ley “destinando al servicio de las armas a los presos con condenas inferiores a tres años”, con el objetivo de descomprimir el hacinamiento que existía en el presidio. Posteriormente se creó un cuerpo de serenos que debían pagar los vecinos, comerciantes y profesionales. Por su parte, Civit utilizó mano dura contra los criminales: en agosto de 1874 hizo fusilar a algunos delincuentes, medida que tuvo por objeto terminar con los atentados a las personas y la propiedad. La dureza también sería su estilo para castigar a los opositores. Por caso, en julio de 1876 fue desarticulado un levantamiento, a cuyos principales dirigentes se les aplicó el “mazo de tabaco”, suplicio que consistía en atar al preso a un poste, a pleno sol, con lonjas de cuero fresco en todo el cuerpo que, a medida que se secaban, se introducían en las carnes.
Reclamos a la Nación. En noviembre de su primer año de mandato se nombró una comisión para formar el detalle de los gastos hechos por la Provincia desde 1810 hasta 1825 a favor de las guerras de la independencia y solicitar su devolución. El 7 de agosto de 1874, la Provincia reclamó una partida que el Congreso había votado para la construcción de un hospital en la ciudad. Días después se solicitó un empréstito de 300 mil pesos para construir un puente sobre el río Mendoza, frente a Luján de Cuyo, y otro en el canal Zanjón –actual Cacique Guaymallén–, para diversas obras de irrigación y dotar de agua potable a la ciudad. Estas últimas se concretarían a inicios de 1876. Ese año serían los comicios para elegir a su sucesor, quien resultó ser Joaquín Villanueva. Civit dejó el gobierno el 16 de octubre de ese año, pero como el electo no se hallaba en la provincia, Elías Villanueva se hizo cargo interinamente. Lejos del sillón de San Martín, Civit siguió siendo protagonista del poder. En 1881 fue elegido senador nacional, ocupó diversos cargos en las cámaras e incluso en 1887 fue gobernador interino en remplazo de Tiburcio Benegas. En 1907 se alejó del ruedo; entonces era senador y su hijo Emilio, gobernador por segunda vez. Murió el 19 de junio del año siguiente.
Fuente: Diario UNO - Domingo 2 de noviembre de 2003.
Copyright 2002 - Todos los derechos reservados - Términos de uso y Privacidad.