Este
típico liberal de la época fue una figura
clave de la política mendocina de las últimas
tres décadas del siglo XIX
Cuando Francisco Civit se sentó en el sillón
de San Martín consolidó años
de participación en la cosa pública
local y se confirmó como una figura clave de
la política mendocina de los últimos
30 años del siglo XIX. Civit nació en
Mendoza el 20 de enero de 1829, pero de niño
emigró con su familia a Chile. A su regreso
se dedicó al comercio y, junto a su hermano
Salvador, a la vitivinicultura. A la vez, se iniciaba
en la vida pública y en su pasión: la
política. En 1862 fue diputado y al año
siguiente, comisario de Guerra de la Provincia. En
el 66, el gobernador Melitón Arroyo lo
nombró ministro general de Gobierno especie
de vicegobernador, por lo que la Revolución
de los Colorados, que depuso al mandatario en noviembre
de ese año, lo obligó a huir hasta que
el movimiento fue derrotado y Arroyo repuesto, en
abril de 1867.
Revolución mitrista. En marzo de 1873,
el Club Liberal lo proclamó candidato al sillón,
apoyado por el entonces gobernador Arístides
Villanueva, con quien estaba emparentado. Así
enfrentó a Carlos González, con lo cual
la puja entre civitistas y gonzalistas pasó
a ser cara a cara. A nivel nacional, los primeros
apoyaban a Nicolás Avellaneda; los otros, a
Bartolomé Mitre. Finalmente, Civit fue elegido
el 11 de octubre del 73 en un clima de tensión
y violencia, que incluyó levantamientos y hasta
un intento de magnicidio contra Villanueva. Los primeros
esfuerzos de su administración se abocaron
a enfrentar la revolución de 1874 en el ámbito
nacional y que tuvo origen en la sucesión presidencial.
Avellaneda, candidato del oficialismo y por ende del
presidente Domingo F. Sarmiento, logró imponerse
a Mitre, del Partido Nacionalista. Los mitristas no
aceptaron los dudosos resultados de las urnas y se
alzaron en armas. Los apoyaban varios jefes militares,
algunos gobernadores del interior y estancieros bonaerenses.
Pero la revolución fue derrotada primero en
Buenos Aires y luego en Mendoza, el otro foco importante
de la sublevación. Típico liberal
de la época. Reinstalado en el gobierno
el 31 de mayo de 1874, Civit demostró su ideal
de que el progreso pasaba por la educación
y el desarrollo de la agricultura, así como
la eliminación de toda oposición vinculada
al pasado tradicional, o sea, federal. Todo lo enfrentó
con presupuestos estrechos y mano dura, fiel a su
energía y decisión, que se traducían
en un carácter intransigente y difícil.
Durante su gestión, la Provincia recibió
un premio nacional de diez mil pesos fuertes porque
sus escuelas primarias tenían un número
mayor de niños que la décima parte de
la población. En su último año,
el número de alumnos en las escuelas estatales
era de 7.900, sobresaliendo por su asistencia
a clases. Una de sus preocupaciones fue hacer conocer
a través de exposiciones anuales los productos
naturales y manufacturados de la provincia, las cuales
solían realizarse en mayo, en consonancia con
el aniversario de la revolución de 1810. También
se participó en exposiciones internacionales,
como la de Filadelfia de 1874. Luego se autorizaron
diez mil pesos por año en premios para fomentar
el agro. Otro interés fue el establecimiento
de colonias agrícolas ligadas a los planes
inmigratorios de la Nación. Se destinaron tierras
en la margen izquierda del río Diamante, los
terrenos comprendidos entre los ríos Grande
y Barrancas, y varias leguas en Punta del Agua. Para
favorecer ese proceso, la Legislatura destinó
6.200 pesos en el Presupuesto de 1876. En el intento
de volver productivas las tierras, surgió una
controversia entre el Gobierno y el obispo de Cuyo.
La Ley de Redención Voluntaria de Capellanías
pretendía tomar tierras de la Iglesia para
poder arrendarlas, lo que no agradó a las autoridades
eclesiásticas, quienes fijaron en las paredes
de los templos avisos prohibiendo a los sacerdotes
absolver a los compradores de bienes eclesiásticos.
Debió intervenir la Nación, que le dio
la razón a la Provincia. También se
le permitió al mayor Rufino Ortega avanzar
la frontera hasta el río Malargüe
donándole terrenos bajo el compromiso de poblarlos
y proteger del avance del indio. En cuanto a concesiones
a particulares, en febrero de 1874 se otorgó
por diez años la explotación del petróleo
que surgiera en un campo del Sur provincial. Casi
al término de la gestión, se le otorgó
a Elías Villanueva, presidente de la Legislatura,
el privilegio para instalar un matadero público
que funcionó en donde alguna vez se ubicó
el Cabildo. Estas concesiones, si bien contribuían
a mejorar la vida de los ciudadanos, también
denuncian cómo la pertenencia a cierto grupo
de poder conllevaba ciertos beneficios.
Primeras dependencias nacionales. El 15 de
enero de 1874 se estableció una oficina de
estadísticas y en setiembre llegó a
Mendoza el personal que organizaría la sucursal
del Banco Nacional, primera institución bancaria
de ese tipo en la provincia. Dos años después
se conformó el Banco Mixto provincial. En agosto
de 1874 se firmó un convenio con Juan Clark,
empresario del ferrocarril de Buenos Aires a Mendoza
y San Juan, y del Trasandino, por el cual se le concedieron
tierras fiscales por donde iría avanzando el
tendido del riel. Sin embargo, Clark nunca avanzó
en la línea que unía el Litoral con
Mendoza. El 29 de abril de 1874 se dictó una
ley destinando al servicio de las armas a los
presos con condenas inferiores a tres años,
con el objetivo de descomprimir el hacinamiento que
existía en el presidio. Posteriormente se creó
un cuerpo de serenos que debían pagar los vecinos,
comerciantes y profesionales. Por su parte, Civit
utilizó mano dura contra los criminales: en
agosto de 1874 hizo fusilar a algunos delincuentes,
medida que tuvo por objeto terminar con los atentados
a las personas y la propiedad. La dureza también
sería su estilo para castigar a los opositores.
Por caso, en julio de 1876 fue desarticulado un levantamiento,
a cuyos principales dirigentes se les aplicó
el mazo de tabaco, suplicio que consistía
en atar al preso a un poste, a pleno sol, con lonjas
de cuero fresco en todo el cuerpo que, a medida que
se secaban, se introducían en las carnes.
Reclamos a la Nación. En noviembre de
su primer año de mandato se nombró una
comisión para formar el detalle de los gastos
hechos por la Provincia desde 1810 hasta 1825 a favor
de las guerras de la independencia y solicitar su
devolución. El 7 de agosto de 1874, la Provincia
reclamó una partida que el Congreso había
votado para la construcción de un hospital
en la ciudad. Días después se solicitó
un empréstito de 300 mil pesos para construir
un puente sobre el río Mendoza, frente a Luján
de Cuyo, y otro en el canal Zanjón actual
Cacique Guaymallén, para diversas obras
de irrigación y dotar de agua potable a la
ciudad. Estas últimas se concretarían
a inicios de 1876. Ese año serían los
comicios para elegir a su sucesor, quien resultó
ser Joaquín Villanueva. Civit dejó el
gobierno el 16 de octubre de ese año, pero
como el electo no se hallaba en la provincia, Elías
Villanueva se hizo cargo interinamente. Lejos del
sillón de San Martín, Civit siguió
siendo protagonista del poder. En 1881 fue elegido
senador nacional, ocupó diversos cargos en
las cámaras e incluso en 1887 fue gobernador
interino en remplazo de Tiburcio Benegas. En 1907
se alejó del ruedo; entonces era senador y
su hijo Emilio, gobernador por segunda vez. Murió
el 19 de junio del año siguiente. |