| Juan
Facundo Ouiroga nació en 1778, en la provincia
de La Rioja. Su padre fue el estanciero José
Prudencio Quiroga, a quién Facundo ayudó
a conducir sus propiedades a partir de los 16 años.
Tras un breve paso como voluntario por el Regimiento
de granaderos a caballo, en Buenos Aires, regresó
en 1816 a La Rioja, donde colaboró activamente
con el ejército del norte que luchaba contra
los realistas, proveyéndolo de ganado y tropas.
En 1818 recibió de Pueyrredón el título
de "benemérito de la Patria" y a
fines de ese año intervino destacadamente para
sofocar un motín de prisioneros españoles
en San Luis.
A partir de 1820, con el cargo de jefe de las milicias
de Los llanos, se inició en La Rioja la preponderancia
de Quiroga. Además asumió la gobernación
de la provincia, aunque sólo fue por tres meses,
pero en los hechos continuó siendo la suprema
autoridad riojana.
Quiroga brindó su apoyo entusiasta al Congreso
de 1824 reunido en Buenos Aires, pero pronto se produjo
su ruptura con los unitarios porteños. Junto
a los otros gobernadores que resistían la política
centralista de Rivadavia
que culminó con la sanción de la Constitución
unitaria, se levantó en armas contra el presidente,
enarbolando su famoso lema de
"Religión o Muerte". Su lucha
contra los unitarios había comenzado, en realidad,
en 1825, cuando Quiroga derrotó a La Madrid
- usurpador del gobierno de Tucumán - en El
Tala y Rincón de Valladares.
Caído Rivadavia,
Quiroga apoyó la efímera gestión
de Dorrego, cuyo fusilamiento
volvió a encender la chispa de la guerra civil.
Facundo se convirtió entonces en figura descollante
del movimiento federal y, en el interior, enfrentó
a las fuerzas unitarias del General Paz. El Tigre
de Los Llanos, como lo llamaban amigos y adversarios,
cayó derrotado en La Tablada y en Oncativo.
En Buenos Aires, con la ayuda de Rosas,
formó una nueva fuerza, llamada División
de Los Andes, Al frente de ella ocupó San Luis
y Mendoza, en Córdoba persiguió a La
Madrid - el jefe de las fuerzas unitarias después
de la captura de Paz - y, ya en tierra tucumana, lo
derrotó completamente en La Ciudadela. En esos
momentos su poder y su prestigio alcanzaban el punto
más alto. Después de participar en la
etapa preparatoria de la campana del desierto realizada
por Rosas, permaneció
con su familia en Buenos Aires durante un tiempo.
Aquí Quiroga dedicó el resto de su vida
a intentos (solo o con otros federales) de convocar
un congreso constituyente para formar la estructura
orgánica de una república federal.
Rosas se opuso enérgicamente
a tal designio, arguyendo que una organización
formal de esa naturaleza era prematura e insensata
hasta tanto las provincias no hubieran creado sus
estructuras políticas individuales y una saludable
vida institucional, citando el ejemplo de los Estados
Unidos, que no admitía que un territorio tomase
plena participación en la vida política
nacional hasta haber formado su propio gobierno.
En 1834, a pedido de Maza, gobernador de Buenos Aires,
y del propio Rosas, medió en un conflicto entre
Salta y Tucumán. En Santiago del Estero se
enteró del asesinato de De La Torre, gobernador
salteño.
Cumplida su misión con éxito y regresando
a Buenos Aires, desdeñó obstinadamente
las advertencias sobre conspiración en Córdoba,
y rechazando el ofrecimiento de protección
que le hizo Ibarra, el gobernador santiagueño,
fue sorprendido y asesinado por efectivos al mando
de Santos Pérez en Barranca Yaco, el 16 de
febrero de 1835.
La azorada opinión pública dividió
las inculpaciones del crimen entre Rosas, López
y los hermanos Reinafé, pero José Vicente
Reinafé, gobernador de Córdoba, su hermano,
Santos Pérez y otros fueron convictos de la
conspiración y ejecutados (1836).
La muerte de Quiroga dejó a Rosas
como única autoridad subsistente. |