| Nació
en la ciudad de Buenos Aires el 10 de abril de 1887.
Su padre Francés de nacimiento llegó
al Río de la Plata con títulos de abogado
y doctor en Filosofía, poseía una vasta
cultura y estaba dotado de una memoria tal que podía
leer una página entera y repetirla luego con
asombrosa exactitud. Houssay demostró haber
heredado la gran inteligencia paterna.
Desde muy pequeño se aficionó a la lectura
de manera que no dedicaba casi tiempo a los juegos
infantiles. Estudió los primeros dos grados
de la enseñanza primaria con docentes privados.
Ingresó luego a un colegio con la idea de cursar
el tercer grado pero quince días después
de haber iniciado las clases, por tener una preparación
muy superior a la de sus compañeros, fue promovido
a cuarto grado; y un mes después a quinto.
A este ritmo terminó la escuela primaria con
sólo nueve años de edad y a los trece
había logrado el diploma de bachiller.
Comenzó a desarrollar su vocación iniciando
sus estudios superiores en la Escuela de Farmacia
de la Universidad de Buenos Aires en 1901, que entonces
formaba parte de la Facultad de Ciencias Médicas,
con catorce años recién cumplidos era
el alumno de mayores calificaciones, de donde se graduó
a la los 17 años.
Extendió sus estudios en Medicina especializándose
en Fisiología, se graduó en 1911 a los
23 años, con diploma de honor y con un reconocimiento
académico por su tesis doctoral en la investigación
sobre la glándula hipófisis.
Fue practicante interno de Medicina en el Hospital
Nacional de Clínicas.
Desde 1908 y durante tres años se desempeñó
como ayudante de la cátedra de fisiología
del profesor Piñeiro.
En 1910 asumió en forma interina la cátedra
de Fisiología en la Facultad de Agronomía
y Veterinaria, de la que luego se haría cargo
en forma definitiva ganando su lugar por concurso.
Esta función, que ejerció hasta 1919,
le dio la posibilidad de un gran aprendizaje y de
realizar importantes tareas.
Posteriormente se desempeñó como Jefe
de Investigaciones del Instituto Bacteriológico
-dependiente del entonces Departamento Nacional de
Higiene- donde creó el departamento de Fisiología
Patológica, espacio donde pudo desarrollar
considerables estudios de los venenos de víboras,
arañas y otros animales.
En 1919 fue nombrado profesor titular de Fisiología
de la Facultad de Medicina. A partir de ese momento
renunció a toda otra actividad profesional
y se dedicó con dedicación completa
a su real vocación: la investigación
experimental y la docencia. Fue entonces que a propuesta
suya y siguiendo sus indicaciones se creó el
Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina
de Buenos Aires, para el que fue nombrado Director.
Desde entonces pasaba todos sus días en el
Instituto realizando experimentos, dirigiendo y guiando
a los discípulos y dictando clases. Su actividad
no sabía de días feriados y su remuneración
era muy inferior a muchas que le habían ofrecido
desde el exterior, pero era su deseo quedarse en su
país y formar investigadores.
Su esfuerzo dio frutos y logró crear una brillante
escuela de fisiología de la que salieron los
primeros profesores universitarios de Fisiología
del país y numerosos investigadores argentinos
y extranjeros, especialmente sudamericanos. Rápidamente,
el Instituto se convirtió en un centro de excelencia
mundial en el área de la investigación
científica.
Los trabajos más trascendentes del doctor Houssay
se desarrollaron en el campo de la endocrinología.
Esta rama de la medicina se dedica al estudio del
desarrollo, las funciones y las enfermedades de las
glándulas endocrinas: órganos cuyas
células producen una secreción, hormonas,
que desempeña diversas funciones en el organismo
y que vierten directamente a la sangre; son glándulas
endocrinas, por ejemplo, las suprarrenales, los ovarios,
los testículos y la hipófisis. Al estudio
de ésta última se dedicó Houssay,
impulsado, según algunas biografías,
por el tratamiento de un paciente que presentaba un
tumor en esa glándula.
Estos estudios desembocarían en descubrimientos
que fueron valorados internacionalmente como notables
contribuciones a los estudios de fisiología
humana.
Los trabajos de Houssay contribuyeron al conocimiento
de las causas de una enfermedad conocida desde muy
antiguo, la diabetes. Ya se sabía que el origen
de la diabetes era la dificultad del cuerpo para metabolizar
o procesar los hidratos de carbono, y que esta dificultad
provocaba un exceso de glucosa (azúcar) en
la sangre. En 1889, se descubrió que la causa
radicaba en el páncreas (una glándula).
Pero recién en 1921 se identificó la
insulina: hormona liberada por el páncreas
que impide el exceso de azúcar en la sangre.
Al funcionar incorrectamente el páncreas, se
produce insuficiente insulina y aparece la diabetes.
Houssay se dedicó a investigar qué papel
tenía la hipófisis en la diabetes. Descubrió
entonces que perros diabéticos mejoraban cuando
se les extirpaba la hipófisis y que su diabetes
se agravaba cuando se les inyectaba una hormona producida
por la hipófisis. Con estos estudios, el grupo
de Houssay logró comprender el rol de la hipófisis
en los procesos metabólicos de los carbohidratos
y en la diabetes, lo que sirvió de base para
el trabajo de otros investigadores acerca del rol
de diferentes glándulas endocrinas.
En 1947, la Academia Sueca le otorgó el premio
Nóbel de Fisiología y Medicina por su
descubrimiento del papel de la hormona liberada por
la hipófisis en el metabolismo de los azúcares.
El Instituto de Fisiología empezó a
figurar entre los más importantes del mundo
y Houssay recibió a numerosos estudiosos extranjeros
que acudieron a trabajar bajo su dirección.
Así, cada año, trabajaban en el Instituto
más de ochenta investigadores, entre los que
se incluían varios latinoamericanos que alcanzarían
luego brillo propio.
También Houssay, quien creía que el
desarrollo científico debía expandirse
y no depender de unos pocos hombres, alentó
la creación de otros institutos de Fisiología
como el de la Facultad de Medicina de Rosario, entre
muchos otros.
En el año 1943 el gobierno peronista, por motivos
políticos, interrumpió las tareas del
Instituto de Fisiología y despidió a
Houssay de la cátedra que conducía.
En 1945 fue reincorporado en sus funciones pero sólo
hasta el año siguiente. Finalmente, al caer
el peronismo en 1955 recuperó sus cargos. Mientras
las dificultades con el gobierno del general Perón
lo mantuvieron al margen de la Universidad de Buenos
Aires, Houssay desechó varios interesantes
ofrecimientos para continuar su carrera en el exterior
y, con apoyo privado, especialmente de la Fundación
Sauberan, pudo continuar la labor de investigación,
junto con algunos de sus colaboradores habituales,
en el Instituto Experimental de Biología y
Medicina creado a tal efecto e instalado en un barrio
de Palermo. Más de mil trabajos sobre endocrinología,
nutrición, farmacología, patología
experimental, glándulas suprarrenales, páncreas,
hipertensión, diabetes y otras tantas áreas
de la fisiología componen la cosecha de aquel
equipo de trabajo.
En 1945, menos ocupado que de costumbre, pudo concretar
su proyecto de redactar Fisiología Humana,
un texto que no tardó en conocerse como "la
fisiología de Houssay" que contribuyó
notablemente a la formación de muchas generaciones
de médicos argentinos y americanos.
Redactó capítulos importantes tales
como La Fisiología de la Sangre y la
Fisiología de las glándulas de secreción
interna. Las varias ediciones de esta obra se
tradujeron a los más importantes idiomas.
Además del premio Nóbel, Houssay recibió,
entre otros, el premio Nacional de Ciencias; el premio
Charles Wickle, otorgado por la Universidad de Toronto
(Canadá); la medalla Banting de la American
Diabetes Association de Norteamérica; el premio
de la American Pharmaceutical Manufacture de Nueva
York y el premio Baly Medal de Inglaterra. Fue miembro
del Consejo Directivo y Vicedecano de la Facultad
de Medicina, presidente de la Academia Nacional de
Medicina y miembro honorario de varias decenas de
sociedades biológicas, médicas y científicas
de todo el mundo. En el año 1970, cuando se
realizó en Buenos Aires el Séptimo Congreso
de la Federación Internacional de Diabetes,
se lo designó presidente de su Comité
Ejecutivo.
Durante toda su carrera mostró una fuerte voluntad
de defender el desarrollo de la investigación
científica en Argentina. Permanentemente hizo
explícita su decisión de ejercer su
vocación en el país, aún cuando
recibía ofrecimientos permanentes de distintos
centros científicos del mundo que le proponían
mejores condiciones de trabajo. Al respecto, Houssay
decía: "La ciencia no tiene patria, pero
el hombre de ciencia la tiene. Por mi parte, no acepté
posiciones de profesor en los Estados Unidos y no
pienso dejar mi país, porque aspiro a luchar
para contribuir a que llegue a ser alguna vez una
potencia científica de primera clase."
En el contexto de esta decisión en 1934 creó
la Asociación para el Progreso de las Ciencias,
a través de la cual se lograron, entre otros
frutos, becas de perfeccionamiento en el extranjero
y en el país que fueron aprovechadas por aquellos
que mostraron el propósito de dedicarse a investigar
en biología.
Además, proyectó un plan metódico
para la formación de investigadores que establecía
una carrera científica y un sistema de becas
de perfeccionamiento. Esta iniciativa se basaba en
el concepto de que un buen investigador sólo
puede ser resultado de una carrera suficientemente
larga y guiada por los mejores hombres de ciencia
del mundo. Pero realizar esta idea no fue fácil:
recién lo logró en 1958 cuando se creó
el Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
que más tarde derivaría en el actual
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
y Técnicas (CONICET). Esta entidad, que él
mismo presidió, pudo dar un importante impulso
a la investigación en distintas ramas del saber.
Las publicaciones que llevan su firma -en las más
importantes revistas nacionales y extranjeras- son
muy numerosas y no se agotan en trabajos técnicos:
pueden encontrarse también numerosas biografías
de grandes nombres de la fisiología y de la
biología.
Tuvo el mérito de iniciar una escuela de investigación
y producción científica en la Argentina
en el área de la fisiología; y una tradición.
En cierto modo fue uno de los grandes impulsores de
la investigación científica en la Argentina.
Bernardo Alberto Houssay murió el 21 de setiembre
de 1971. Además de su trabajo, dejó
como legado decenas de discípulos que lograrían
renombre universal, como Luis Federico Leloir, quién
llegaría a ser premio Nóbel de Química
en 1970.
En
1972, la OEA
-Organización de Estados Americanos-
instituyó el premio Bernardo Houssay para galardonar
a los más importantes investigadores del continente
americano.
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