| Arrimado
a los gonzalistas, buscó la concordia con la
oposición civitista. Apoyó la búsqueda
de alternativas para el desarrollo productivo provincial
ante la inminente llegada del ferrocarril
José Miguel Segura fue un gobernador producto
de la política de conciliación de sus
antecesores, Joaquín y Elías Villanueva.
Este gonzalista preocupado por las alternativas para
el progreso de la provincia, también bregó
por la concordia con los civitistas, quienes no ahorraron
esfuerzos en criticar su gobierno mediante la renaciente
prensa de oposición local.
Hijo
de multigobernador. José Miguel nació
en 1833. Era hijo de Pedro Pascual Segura, gobernador
en tiempos de la Federación, quien tuvo difícil
relación con Juan Manuel de Rosas por su actitud
de concordia con los salvajes unitarios
mendocinos; luego de la caída del federal,
ocupó el cargo tres veces más hasta
1854. Su hijo tuvo una vida pública intensa:
fue comandante del Regimiento de Caballería
de Guardias Nacionales de Mendoza en 1863, diputado
y en 1870 inspector general de Armas. Un año
después asumió como juez general de
agua; en 1874, fue vicepresidente de la Cámara
de Diputados y en 1880, jefe y director del Departamento
Topográfico provincial. Este acaudalado hacendado,
de escasa preparación, se caracterizaba por
su desinterés y patriotismo: llegó a
sustentar con sus recursos a su regimiento de caballería.
El 15 de febrero de 1881, apoyado por los gonzalistas,
llegó a la gobernación desde donde buscó
ordenar la cosa pública y la concordia con
la oposición liderada por Francisco Civit.
Al inaugurar el primer período de sesiones
de la Legislatura, el flamante mandatario expresó
que fomentaría la agricultura, facilitar
el comercio, los medios de cambio y viabilidad; proteger
la educación común, conservar y mejorar
la administración de Justicia. También
afianzaría la autonomía de los gobiernos
municipales además de coadyuvar al gobierno
nacional (en manos de Julio A. Roca desde 1880), en
las grandes obras en que está empeñado.
Acento
en el tema hídrico. En junio de 1881 se
designó una comisión para que se encargara
de obtener recursos mediante suscripción pública
en la ciudad y los departamentos para construir un
puente sobre el río Mendoza, en el paso de
Luján. Es que el erario no estaba en condiciones
de afrontar el gasto. También se canalizó
el Zanjón del Estado (actual Cacique Guaymallén)
para evitar los perjuicios que causaba el desborde
constante de las aguas en los terrenos aledaños.
En 1882, ante noticias de que era nociva para el consumo
de la población el agua proveniente desde las
vertientes del Challao, se invirtió en el estudio
de aguas de otras procedencias como alternativa para
proveer a la ciudad. El 31 de mayo del 83 se
autorizó a la municipalidad cambiar las cañerías
de barro por las de hierro. Ese año hubo gran
escasez de agua que trajo graves daños a Cuyo.
En respuesta, Segura envió un proyecto de ley
exonerando de todo impuesto a la propiedad cuyo titular
construyese u explotase uno o más pozos de
agua surgente pidiendo autorización para acordar
un premio de mil pesos al propietario por cada pozo
de agua surgente que explotare.
Acercamiento
con la Iglesia. Durante esta gestión fue
consagrado obispo auxiliar de Cuyo el presbítero
José B. Salvador de la Reta, quien había
sido párroco de la Iglesia Matriz de Mendoza;
además se fundó la Sociedad Católica
para defender la doctrina de la Iglesia. Así,
Segura buscó reconciliar al Estado y la religión
cuyo alejamiento se produjo con la llegada de los
gobiernos liberales. En cuanto a educación,
se encargo una memoria sobre el estado de la educación
en Mendoza para la Exposición Continental que
se realizó en abril de 1882 en Buenos Aires.
Al año siguiente se hizo un censo escolar provincial
a pedido del Ministerio de Instrucción de la
Nación. Además se separó el departamento
agronómico del Colegio Nacional, que pasó
a ser la Escuela Nacional de Agricultura. Como referencia
de la prioridad que le dio a este aspecto, el presupuesto
de 1883 para la Superintendencia General de Escuelas
fue de $85.124, más que importante si se tiene
en cuenta que el Presupuesto provincial era de $166.281,29.
Por
fin el ferro-carril. El 22 de mayo del 82
se autorizó la expropiación de bienes
inmuebles necesarios para la apertura o rectificación
de calles, plazas y caminos, represas y vías
férreas. Dentro de las concesiones destacables
aparece el permiso otorgado a la sociedad anónima
representada por Luis Keffre para explotar las aguas
de Puente del Inca y establecer un balneario por el
término de 50 años. Eso daría
pie a uno de los complejos turísticos y termales
más importantes de Mendoza durante las primeras
décadas del siglo XX. La novedad era que el
ferrocarril se acercaba. El 18 de setiembre del 81
el Ejecutivo promulgó una ley exonerando de
impuestos por diez años a las nuevas plantaciones
de viñas, olivos y nogales en el territorio
provincial, atento a lo que preveía sería
el aumento de la demanda desde el Litoral cuando se
activara el tránsito ferroviario. El 13 de
noviembre de 1882 se aprobó el trazado y plano
de la nueva Villa de La Paz. El 14 de marzo del año
siguiente una manifestación pública
festejaría la llegada a esa villa de los terraplenes
del Ferrocarril Andino y el 11 de agosto arribaría
la primera locomotora. En el terreno de las vías,
Keffre también logró el derecho exclusivo
para explotar la Compañía Tranways de
pasajeros y carga, que desde la estación del
ferrocarril (aún en construcción) comunicaría
la Ciudad, Godoy Cruz (entonces San Vicente) y Luján.
La
hora de Ortega. Durante el turno de Segura siguió
su marcha la Campaña al Desierto. En 1882,
el coronel Rufino Ortega, al frente de la primera
brigada de la división del Río Negro,
conquistó una zona de 1.200 leguas. A su vez,
en enero de 1883, el general Villegas, jefe de las
fuerzas nacionales, comunicó al gobierno local
haber apresado a 1.600 indios, persiguiendo a los
fugitivos hasta el sur del lago Nahuel Huapi hasta
no dejar uno vivo. Los triunfos de Ortega contra el
indio sirvieron para ubicarlo como el remplazante
de Segura. Apoyado por Civit, cuando José Miguel
completó su gobierno, el 15 de febrero de 1884,
Ortega pasó a ocupar el sillón de San
Martín. Se abría un nuevo capítulo
en la historia política local donde las pujas
entre civitistas y gonzalistas darían paso
a las que enfrentarían a orteguistas y beneguistas. |