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Nació
en el Talar del Arroyo Largo, provincia de Entre Ríos,
el 18 de octubre de 1801; cursó sus estudios
primarios en Concepción del Uruguay y los secundarios
en el Colegio San Carlos, en la ciudad de Buenos Aires.
De regreso en su provincia, en 1819, abrió
una pulpería que atendió personalmente
durante un tiempo. Más tarde intervino en un
golpe militar contra el gobernador Mansilla, por lo
que debió desterrarse en Corrientes.
En 1826 recibió la designación de diputado
ante el Congreso entrerriano y en esa ocasión
se manifestó como un notabla parlamentario,
favorable al sistema federal y contrario a la Constitución
unitaria de 1826. Asimismo se mostró un fervoroso
partidario de la instrucción pública
, inspirador de la ley que ordenaba que cada villa
tuviera su escuela.
En 1836 conoció a Juan
Manuel de Rosas quien vio en el joven coronel,
ya famoso por su inteligencia y valor, un probable
enemigo. Urquiza intervino luego en la batalla de
Palo Largo contra las tropas entrerrianas sublevadas
contra Rosas; en cambio no participó en la
de Caa-guazú, en la que el talento táctico
del general paz anuló completamente a los entrerrianos.
En 1841 la Legislatura de su provincia lo nombró
gobernador y brigadier general del ejército.
Durante este primer período de su gestión
Urquiza intervino en los conflictos militares que
enfrentaban, en el Uruguay, a Oribe y Rivera. El gobernador
entrerriano derrotó a este último en
la batalla de India Muerta, lo cual le valió
su reelección como gobernador.
Sus actos de gobierno pusieron en evidencia su enfoque
progresista, fomentando la agricultura, estimulando
el comercio, promoviendo industrias y fundando escuelas
en las que implantó la enseñanza gratuita.
No obstante era evidente que en tanto Rosas siguiera
dominando en Buenos Aires e imponiendo su omnímoda
voluntad en la política del país, Entre
Ríos vería limitadas sus posibilidades
de progreso. Para muchos, Urquiza era entonces la
figura más prominente del país y el
único capaz de enfrentar a Rosas.
Uno de los hechos fundamentales de este período
fue la fundación del primer colegio secundario
de la República en Concepción del Uruguay,
fiel testimonio de la compleja personalidad de Urquiza
quien aunaba austeras costumbres campesinas con exquisitos
refinamientos de caballero renacentista.
En 1851 se rebeló contra Rosas proclamando
la soberanía de su provincia y con el lema
Libertad, organización y guerra al despotismo
inició su campaña, primero contra Oribe
a quien obligó a levantar el sitio de Montevideo
y luego contra Rosas, a quien derrotó en Caseros
el 3 de febrero de 1852.
Su gestión posterior fue de gran generosidad
y sensatez; a fines de mayo de ese mismo año
se firmó el Acuerdo de San Nicolás y
Urquiza fue nombrado director provisional de la Confederación
y jefe de su ejército. En setiembre estalló
una revolución dirigida por el doctor Valentín
Alsina; la provincia de Buenos Aires, en disidencia,
se separó del resto de la Confederación
dándose su propia Constitución. No obstante
las demás provincias persistieron en la idea
de unidad nacional, y reunidas en Santa Fe sancionaron
la Constitución que Urquiza luego declaró
ley fundamental de la Nación.
En ese mismo año de 1853 fue elegido primer
presidente constitucional de los argentinos. Asumió
el cargo el 5 de marzo de 1854 y se dio a una impresionante
tarea de organización nacional: organizó
la administración, mandó construir caminos
y líneas ferroviarias, estableció correos,
inauguró los sistemas de rentas y aduanas,
instaló el régimen de justicia federal
y fomentó la educación.
Después de la batalla de Cepeda, en la que
Urquiza derrotó a Mitre, se firmó el
pacto de San José de Flores por el que se incorporaba
a Buenos Aires a la Confederación. Luego Urquiza
entregó el gobierno a su sucesor, Sanitago
Derqui, y se retiró a su provincia en la que
volvió a hacerse cargo de la gobernación.
No obstante la batalla de Pavón vino a confirmar
que el desacuerdo aún agitaba los espíritus;
el triunfo de Mitre trajo como consecuencia la caída
del presidente Derqui, lo cual convenció a
Urquiza de que la unidad nacional se realizaría
bajo la jefatura de Buenos Aires. Con ejemplar desprendimiento
apoyó desde entonces a los gobiernos de Mitre
y Sarmiento.
En 1870 estalló la revolución de López
Jordán, irritado por la actitud legalista y
conciliadora de Urquiza. Este fue asesinado en su
Palacio de San José el 11 de abril de 1870
y dos de sus hijos, Justo y Waldino, fueron igualmente
muertos en Concordia.
Víctima de la pequeñez localista de
un rebelde caía uno de los hombres que más
esfuerzos había realizado por lograr la unión
y la tolerancia entre los argentinos, como único
camino hacia el progreso.
Fuente:
Mi primer diccionario de historia argentina Serie
Cronovisión Studium Editora S.A. 1978 |