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Biografía de Sarmiento - Día del Maestro

Biografía de Sarmiento
Sus primeros años
Nació en San Juan, en el humilde barrio de Carrascal, el 15 de febrero de 1811. Su madre se llamaba Paula Albarracín y su padre, José Clemente Sarmiento. En 1816, el Congreso reunido en Tucumán declaraba la Independencia de las Provincias Unidas y Domingo aprendía sus primeras letras en una de las Escuelas de la Patria, creadas por dicho Congreso. En 1823, tras un frustrado intento para continuar sus estudios secundarios en Buenos Aires, el joven comenzó a estudiar por su cuenta. En 1826, a los 15 años ya trabajaba como maestro en una escuela rural de la provincia de San Luis.
El exilio
Fue un activo militante político y reconocido unitario y ésto lo llevó varias veces al exilio, principalmente debido a su oposición a Juan Manuel de Rosas y al caudillo riojano Facundo Quiroga. Esta definición política finalizó con su exilio en Chile, en 1831, donde trabajó como docente, comerciante y minero. Allí nació su hija Emilia Faustina, fruto de su relación con María Jesús del Canto, alumna suya de la escuela de los Andes. En 1836 se enferma gravemente y consigue el permiso para retornar a San Juan, pero luego, en 1840 participa en una nueva rebelión contra el poder federal extendido por todo el territorio y encabezado por el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y, luego de ser derrotado, se vuelve a exiliar en Chile. Posteriormente el gobierno chileno lo envía a Europa, en misión oficial, para estudiar los sistemas educativos europeos con el fin de aplicarlos al mejoramiento de la educación en Chile. En 1848 regresa a Chile luego de un extenso recorrido por Europa, África y América. Allí se casa con Benita Martínez, viuda de Castro, quien tiene un hijo -Domingo Fidel- que Sarmiento adopta como propio. Al año siguiente publica "De la Educación Popular" y "Viajes" en Europa, África y Estados Unidos y en 1850, "Argirópolis", donde propone una confederación con Uruguay y Paraguay con capital en la isla Martín García y, "Recuerdos de Provincia". En 1851 regresa al país y se incorpora al ejército grande de Urquiza -que finalmente vencería al de Rosas en Caseros, un año después- y redacta los boletines de guerra. Pero una vez vencido el enemigo común, las diferencias entre Sarmiento y Urquiza se hacen notorias y el sanjuanino vuelve a desterrarse en Chile. Allí publica Campaña en el Ejército Grande Aliado de Sud América en el que vuelca toda la información de los boletines de guerra.
Samiento, Maestro
En 1842, Sarmiento funda y dirige en Santiago de Chile en la proscripción, la primera escuela normal que se conoció en América Latina. Años más tarde desde la presidencia de la Nación envía al Congreso un mensaje redactado y firmado por su ministro Avellaneda en el que expresa que "Las Provincias no tienen maestros. La escuela requiere ante todo la presencia del maestro que es su alma y de la que depende su decadencia o progreso". El propósito era principalmente combatir la ignorancia, salvar a los pueblos de la barbarie y para todo ello nada mejor que la creación de establecimientos oficiales para formar maestros. Con la propagación de las escuelas normales, pudo resolverse en gran parte el problema del analfabetismo. De aquellas escuelas normales salieron las primeras generaciones de maestros, que mal pagados, pero con una vocación enorme de hacer patria, recorrieron de punta a punta el país inaugurando cátedras de civismo, ilustraron a grandes y a chicos y por sobre todo enseñaron a cantar el Himno Nacional y sobre los ranchos y los humildes locales escolares, enarbolaron la bandera de la patria.
Si bien ejerció distintas profesiones, a Sarmiento se lo recuerda principalmente como el principal impulsor del sistema educativo nacional. Siendo Presidente de la Nación (1868-1874), la obra que desplegó en este sentido da bases para el sitial de honor que tiene en las escuelas del país: multiplicó el número de alumnos en las escuelas (la cifra de educandos pasó de 30 mil a 100 mil), creó la primera institución dedicada a la formación de maestros (la Escuela Normal de Paraná), promocionó la práctica de la lectura, a través de la Ley de Bibliotecas Populares, que dio origen a 140 bibliotecas en todo el país, e impulsó la creación de escuelas en todas las geografías de la nación. En 1875 es electo senador nacional por San Juan y director general de escuelas por la provincia de Buenos Aires, cargos que abandona en 1879 tras su nombramiento como Ministro del Interior de Avellaneda. Luego de su gestión presidencial también abogó por la educación durante el gobierno de Julio A. Roca, Superintendente de Escuelas del Consejo Nacional de Educación y publica El Monitor de la Educación Común, pero en corto tiempo su apoyo a la educación laica genera polémicas con miembros del Consejo, que lo obligan a renunciar a su cargo. Finalmente, la sanción de la Ley 1420 de educación obligatoria, laica y gratuita constituye un reflejo de su lucha.
El regreso
En 1855, luego de un intento de retorno fallido, se establece en Buenos Aires donde publica Educación Común y es nombrado director del periódico "El Nacional". Al año siguiente es nombrado miembro del Consejo Municipal y asume como jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires. En 1857 es electo senador por el Estado de Buenos Aires y en 1860 el gobernador Bartolomé Mitre lo designa Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores. En agosto de ese año, es diputado por la Capital a la Convención por la Reforma de la Constitución Nacional, a la que se incorpora en septiembre. En 1861, con motivo del fusilamiento en San Juan de su amigo Antonio Aberastain, renuncia al cargo de Ministro de Gobierno y acompaña como auditor de guerra a Paunero en su expedición militar al interior. En noviembre muere su madre y luego vuelve a Cuyo de acuerdo con Mitre, para organizar los gobiernos adictos a los vencedores de la batalla de Pavón. En 1862 es electo Gobernador de San Juan, cargo que ejerce hasta 1864, cuando luego de vencer y hacer ejecutar a su adversario Vicente "Chacho" Peñaloza, renuncia para asumir como ministro plenipotenciario ante Chile, Perú y los Estados Unidos. Con ese mandato, retoma sus viajes al exterior. En 1865 estalla la guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay) contra Paraguay y, durante su ausencia, en la Batalla de Curupaytí , muere su hijo Dominguito.
Su formación intelectual
Figura descollante en nuestro devenir histórico, puede afirmarse sin lugar a dudas, que el núcleo central de su pensamiento se encuentra en la generación de 1830, con las diferencias que pueden existir entre un medio cultural del interior y otro correspondiente a Buenos Aires, a lo que habría que agregar la tenacidad de su esfuerzo autodidacta. Sin estas referencias casi obligadas, no podría interpretarse la línea filosófico-positivista un tanto desdibujada, que entre los años 1880 y 1920 se desarrolla en la cultura argentina. La comparación con Alberdi es imposible de obviar. Sarmiento no tuvo una formación filosófica académica, ni tampoco la ocasión de profundizar tratados sistemáticos. Sus escritos, de una prosa muy personal, revelan una filosofía de vida, una visión del mundo y del hombre, particularmente de América. Su pensamiento se va forjando al compás de su existencia y de sus luchas apasionadas. Su marcada vocación intelectual le permite aprovechar cuanto recurso tiene a mano. En el período juvenil la religión cumple un rol importante; luego se inclinaría gradualmente hacia el iluminismo. Rousseau lo impacta profundamente entre 1827 y 1829; la lectura de Feijóo contribuye en el mismo sentido, pero lo que constituye el detonante de su crisis existencial es el encuentro con Castro Barros y sus denuestos ultramontanos. Cuanto autor iluminista cae en sus manos, es leído ávidamente, devorado practicamente por Sarmiento, el que pese a no haber recibido enseñanza académica ideológica, es quizás superior a sus contemporáneos. Las diferencias que se plasman entre un Sarmiento combativo, apasionado y crítico por un lado y la mesura, el equilibrio y la diplomacia que queda de la enseñanza de Alcorta por el otro, son abismales. La adhesión al romanticismo le llega por intermedio de su amigo Quiroga Rosas. Sus ideas, al menos en sus instancias centrales, son: visión dinámica y progresiva de la historia; fé democrática; liberalismo religioso ; primado de la acción sobre la teoría y la educación como único resorte válido del progreso . La asimilación y comprensión de autores iluministas se encuentra claramente planteada en Civilización y Barbarie. La estadía en Chile, donde se encuentra con Andrés Bello, pensador influído por Víctor Cousin, su polémica con Alberdi, sus viajes por Europa y E.E.U.U. acentúan largamente la relación con la cultura angloamericana, teniendo entre sus efectos más visibles una consustanciación muy particular con el darwinismo.
Sarmiento militar
En 1880, luego de ser electo el general Julio A. Roca como presidente de la Nación, se le otorga el grado de general de división del Ejército Argentino.
Sarmiento Periodista
De su amplia labor como periodista, se destaca la creación del periódico El Zonda en su San Juan natal, sus publicaciones en El Mercurio de Valparaíso y en el Progreso de Santiago, sus agudas polémicas con Juan B. Alberdi y su defensa pública de la educación desde el diario El Nacional de Buenos Aires. Visitó además Estados Unidos y Europa, donde publicó obras literarias y conoció a pedagogos y escritores. En 1881, como superintendente general de escuelas, fundó la revista El Monitor de la Educación Común, referencia fundamental para la educación argentina.
Estadista
Como estadista, Sarmiento fue Director del Departamento de Escuelas, Ministro de Gobierno del Presidente Mitre y Gobernador de San Juan. Luego asumió la Presidencia de la Nación, por el mandato 1868-1874. Más tarde, fue senador y Ministro de Interior durante el gobierno de Nicolás Avellaneda.
Escritor
Prolífico escritor, sus obras completas suman 52 tomos. Entre ellas se destacan "Mi defensa"; "Facundo", Vida de Juan Facundo Quiroga; "Viajes", donde cuenta sus experiencias en el extranjero; "Argirópolis"; "Recuerdos de Provincia", de corte autobiográfico; "Campaña del Ejército Grande"; Vida de Dominguito, que narra la vida de su hijo adoptivo muerto en Paraguay; "Conflictos y armonías de las razas de América"; Educación popular", Método de Lectura Gradual y Civilización y Barbarie.
Las más importantes:

Facundo: Facundo, escrito en Chile, es una apasionada denuncia contra la dictadura de Rosas a través de la biografía de Juan Facundo Quiroga, Teniente gaucho de Rosas. El libro fue criticado por su estilo errático y simplificaciones, pero ha sido nombrado como el libro más importante producido en la América Española. Sarmiento mantuvo a lo largo de su vida una constante atención a las repercusiones públicas y privadas de su libro .Demandó opiniones críticas severas , y anticipó su disposición a escucharlas , entre otros , a Carlos Tejedor, a Juan María Gutierrez y a Valentín Alsina. Nunca dejó de estimar las observaciones que le hicieron, pero Facundo fue para él, a medida que crecían su prestigio y los embates adversos, una incitación renovada. Más que intuirlo, sabía que allí estaban anticipadas las proposiciones fundamentales de su pensamiento.

Recuerdos de Provincia: Cinco años después de la aparición de Facundo, que fue un libro de combate , salió a la luz pública "Recuerdos de Provincia "( 1850 ) , sin que nada hubiera modificado las circunstancias políticas del desterrado frente al gobierno de Rosas. Por el contrario, se agravaron en la víspera ; y hubo una intensa presión diplomática para obtener su silenciamiento. Diversas interpretaciones se tejieron en torno al real contenido que sus páginas encierran. Para Leopoldo Lugones es el " libro más sobrio y maduro, el mejor de Sarmiento literariamente hablando ". Desde ángulos distintos , han coincidido en destacar la finalidad política sus dos biógrafos más importantes de los últimos años : Ricardo Rojas y Allison Williams Banckley . "Si leemos Recuerdos de Provincia - afirma Rojas , teniendo en cuenta las circunstancias históricas y las intenciones políticas con que su autor las escribió , tal libro requiere una nueva valoración. No es obra de mera recreación estética ; es un ariete más del arsenal polémico . Los tres capítulos más difundidos - " "La historia de mi madre" ; "El hogar paterno " y "Mi educación" , cargados de emoción humana - han hecho olvidar otros : la evocación de San Juan con sus figuras coloniales ; los retratos magistrales de próceres de la revolución de democrática ; la guerra civil en que Sarmiento participa con valentía ; y el advenimiento de la tiranía de Rosas , "a quien escarnece en las veinte páginas sobre don Domingo de Oro " .El escritor norteamericano , por su parte , atribuye al libro un triple propósito : la censura al gobierno personalista de los caudillos ; oponer a la tiranía las reformas positivas que el autor venía proponiendo en otros escritos ; y ante todo , "limpiar el buen nombre " del prócer, ante el pueblo de su propio país : "si Rosas iba a caer , y algún día tenía que caer , Sarmiento deseaba tener ante sí mismo y ante la población de la Argentina no sólo un programa objetivo sino también una imágen subjetiva de sí mismo favorable ". Recuerdos de Provincia traspuso el ámbito individual y se internó en la historia del suelo natal , que es apenas un trozo, una parte , de una realidad mayor; pero, en ese territorio , en los hombres evocados, tenían vigencia austera los ideales con que las comunidades fundadoras habían abrazado la Revolución de Mayo de 1810.

Sarmiento presidente (1868-1874)
En 1868 es electo Presidente de la República tras la candidatura propuesta por el general Lucio V. Mansilla. Se entera de su nombramiento durante el viaje de regreso a Buenos Aires desde Estados Unidos, donde la Universidad de Michigan le había otorgado el título de doctor honoris causa. Durante su presidencia realizó el primer censo demográfico nacional que dio un total de 1,736.701 habitantes, de los cuales el setenta por ciento era analfabeto y el setenta y cinco por ciento de las familias vivía en la pobreza. A partir de estos datos, Sarmiento se ocupó de fomentar la educación, ya que sostenía que el acceso igualitario a la misma era lo único que garantizaría el progreso del país. Se fundaron alrededor de 800 escuelas, lo que permitió que cien mil niños estuvieran cursando sus estudios hacia el final de su mandato. Impulsó la fundación de bibliotecas, para la formación continua de las personas y contrató profesores extranjeros que aportaron modernas teorías educativas. También impulsó la extensión de las redes ferroviarias, se tendieron 5000 km. de líneas telegráficas, se modernizó el sistema de correos y se inauguró en cable transoceánico, que permitió la comunicación inmediata con Europa. Creó el Banco Nacional, fundó la Escuela Naval y la Academia de Ciencias de Córdoba. La ciudad de Buenos Aires le debe los bosques de Palermo, el Jardín Zoológico y el Jardín Botánico, en los terrenos que habían pertenecido a Juan Manuel de Rosas.
Tuvo problemas serios que resolver y enemigos que enfrentar: en 1871, se desató una terrible epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, por la que en cuatro meses murieron 14.000 personas y debieron cerrarse las escuelas, las iglesias y las oficinas públicas. Esta alta mortandad obligó a las autoridades a inaugurar el cementerio de la Chacarita. En 1873, una noche, cuando Sarmiento iba al teatro en un carruaje, los hermanos Guerri dispararon sus armas de fuego para matarlo. No sólo fracasó el atentado, sino que Sarmiento no lo supo en el momento ya que la sordera que sufría le impidió que escuchara los disparos. Ya sobre el final de su presidencia, apoyó la candidatura de Nicolás Avellaneda, su ministro de Instrucción Pública, quien asumió en 1874.
Promotor de la ciencia
Tan importante como poco conocida, es su faceta como promotor de la ciencia, divulgador y practicante de actividades científicas. Sarmiento comprendía que el conocimiento debía democratizarse y se muestra como un impulsor de la idea de la divulgación científico-técnica como herramienta para superar el atraso. A propósito, dirá: "Para la producción de un país no basta que media docena de personas aventajadas conozcan y practiquen los mejores sistemas de labores. Sus productos, por grandes que sean, no alterarán la cifra general de la producción". En un país donde no existía una tradición científica, Sarmiento importó "cerebros" para que sirvieran de basamentos de una ciencia nacional. Así, por ejemplo, llegaron al país el naturalista Germán Burmeister y el astrónomo norteamericano Benjamin Arpthorp Gould. Pero eso no le bastó y recuperó para la memoria nacional la obra de científicos como Francisco Muñiz (en el libro Vida y escritos del Coronel Dr. Francisco Javier Muñiz), terció a favor de Ameghino en sus disputas con Burmeister y abrazó con pasión la tarea de divulgar la teoría de la evolución propugnada por Darwin.
Sus últimos años
En 1887 se traslada a Asunción del Paraguay en busca de una clima más favorable para su salud quebrantada. Allí se radica al año siguiente junto a su hija y su nieta. Muere en esa ciudad, el 11 de septiembre de 1888, pocos días después de un ataque cardíaco, a los 77 años.
Frases de domingo Faustino Sarmiento
Aspecto Educacional:

A la educación de los americanos he consagrado toda mi existencia.
Sarmiento 1811-1961 de F. Delucchi. Pág.26.
Los delitos de la prensa, las injurias y el grado de las mismas, depende generalmente de la educación política de los pueblos.
Sarmiento 1811-1961 de F. Delucchi. Pág.29.

La educación de los hijos es incumbencia de la paternidad.
Sarmiento 1811-1961 de F. Delucchi. Pág.29.

Educarse es ser simplemente hombre libre.
Mensajero Sarmientino. Año I - Nº 4. Pág.24.

Elevemos por la educación los sentimientos morales deprimidos por la ignorancia.
Cuaderno Cultural de la Casa De Sarmiento. Año II - Nº 5. Pág.14.

La instrucción primaria es la medida de la civilización de un pueblo.
Obras Completas.

El objeto principal de la educación es enseñar a pensar y habilitar al niño para sacar provecho práctico de los conocimientos.
Obras Completas.

Cuando he escrito sobre educación he manifestado mi firme creencia de que la perfección y los estímulos en la lectura pueden influir poderosamente en la civilización del pueblo.
Obras Completas.

La educación es un capital puesto a interés por las generaciones presentes para las futuras.
Obras Completas.

Necesitamos hacer de la República una escuela.
Obras Completas.

Tenemos que educar al mayor número de hombres, para aumentar el número de gobernantes aptos.
Obras Completas.

No hay progreso real en educación que no comience por la infancia y por el pueblo.
Obras Completas.

Si el pueblo es soberano, hay que educar al soberano.
Hoja de homenaje del Club de Leones.

A los niños Bebe enseñárseles aquello que eleva el corazón, contiene las pasiones y los prepara a entrar en la sociedad.
Cuaderno Cultural de la Casa de Sarmiento. Año II - N º 5. Pág.29.
Educación y Democracia:

La República debe ser una gran escuela, donde todos aprendan a leer, donde todos se ilustren y constituyan así un núcleo que pueda sostener la verdadera democracia.
Hoja de homenaje del Club de Leones.

La Libertad es, pues, un capital. Legar la libertad a sus hijos es la mejor y más productiva herencia que una generación puede dejar a otra.
Sarmiento. Sin referencia.

Esencia y Misión del Maestro
Julio Cortázar: «Esencia y misión del maestro» (1939)

Artículo publicado el 20 de octubre de 1939, en la Revista Argentina, y firmado por Julio Florencio Cortázar, profesor, graduado en letras en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta de Buenos Aires.

Escribo para quienes van a ser maestros en un futuro que ya casi es presente. Para quienes van a encontrarse repentinamente aislados de una vida que no tenía otros problemas que los inherentes a la condición de estudiante; y que, por lo tanto, era esencialmente distinta de la vida propia del hombre maduro. Se me ocurre que resulta necesario, en la Argentina, enfrentar al maestro con algunos aspectos de la realidad que sus cuatro años de Escuela Normal no siempre le han permitido conocer, por razones que acaso se desprendan de lo que sigue. Y que la lectura de estas líneas –que no tiene la menor intención de consejo- podrá tal vez mostrarles uno o varios ángulos insospechados de su misión a cumplir y de su conducta a mantener.

Ser maestro significa estar en posesión de los medios conducentes a la transmisión de una civilización y una cultura; significa construir, en el espíritu y la inteligencia del niño, el panorama cultural necesario para capacitar su ser en el nivel social contemporáneo y, a la vez, estimular todo lo que en el alma infantil haya de bello, de bueno, de aspiración a la total realización. Doble tarea, pues: la de instruir, educar, y la de dar alas a los anhelos que existen, embrionarios, en toda conciencia naciente. El maestro tiende hasta la inteligencia, hacia el espíritu y finalmente, hacia la esencia moral que reposa en el ser humano. Enseña aquello que es exterior al niño; pero debe cumplir asimismo el hondo viaje hacia el interior de ese espíritu y regresar de él trayendo, para maravilla de los ojos de su educando, la noción de bondad y la noción de belleza: ética y estética, elementos esenciales de la condición humana.

Nada de esto es fácil. Lo hipócrita debe ser desterrado, y he aquí el primer duro combate; porque los elementos negativos forman también parte de nuestro ser. Enseñar el bien, supone la previa noción del mal, permitir que el niño intuya la belleza no excluye la necesidad de hacerle saber lo no bello. Es entonces que la capacidad del que enseña –yo diría mejor: del que construye descubriéndose pone a prueba. Es entonces que un número desoladoramente grande de maestros fracasa. Fracasa calladamente, sin que el mecanismo de nuestra enseñanza primaria se entere de su derrota; fracasa sin saberlo él mismo, porque no había tenido jamás el concepto de su misión. Fracasa tornándose rutinario, abandonándose a lo cotidiano, enseñando lo que los programas exigen y nada más, rindiendo rigurosa cuenta de la conducta y disciplina de sus alumnos. Fracasa convirtiéndose en lo que se suele denominar «un maestro correcto». Un mecanismo de relojería, limpio y brillante, pero sometido a la servil condición de toda máquina.

Algún maestro así habremos tenido todos nosotros. Pero ojalá que quienes leen estas líneas hayan encontrado también, alguna vez, un verdadero maestro. Un maestro que sentía su misión; que la vivía. Un maestro como deberían ser todos los maestros en la Argentina.

Lo pasado es pasado. Yo escribo para quienes van a ser educadores. Y la pregunta surge, entonces, imperativa: ¿Por qué fracasa un número tan elevado de maestros? De la respuesta, aquilatada en su justo valor por la nueva generación, puede depender el destino de las infancias futuras, que es como decir el destino del ser humano en cuanto sociedad y en cuanto tendencia al progreso.

¿Puede contestarse la pregunta? ¿Es que acaso tiene respuesta?

Yo poseo mi respuesta, relativa y acaso errada. Que juzgue quien me lee. Yo encuentro que el fracaso de tantos maestros argentinos obedece a la carencia de una verdadera cultura que no se apoye en el mero acopio de elementos intelectuales, sino que afiance sus raíces en el recto conocimiento de la esencia humana, de aquellos valores del espíritu que nos elevan por sobre lo animal. El vocablo «cultura» ha sufrido como tantos otros, un largo malentendido. Culto era quien había cumplido una carrera, el que había leído mucho; culto era el hombre que sabía idiomas y citaba a Tácito; culto era el profesor que desarrollaba el programa con abundante bibliografía auxiliar. Ser culto era –y es, para muchos- llevar en suma un prolijo archivo y recordar muchos nombres...

Pero la cultura es eso y mucho más. El hombre –tendencias filosóficas actuales, novísimas, lo afirman a través del genio de Martín Heidegger- no es solamente un intelecto. El hombre es inteligencia, pero también sentimiento, y anhelo metafísico, y sentido religioso. El hombre es un compuesto; de la armonía de sus posibilidades surge la perfección. Por eso, ser culto significa atender al mismo tiempo a todos los valores y no meramente a los intelectuales. Ser culto es saber el sánscrito, si se quiere, pero también maravillarse ante un crepúsculo; ser culto es llenar fichas acerca de una disciplina que se cultiva con preferencia, pero también emocionarse con una música o un cuadro, o descubrir el íntimo secreto de un verso o de un niño. Y aún no he logrado precisar qué debe entenderse por cultura; los ejemplos resultan inútiles. Quizá se comprendiera mejor mi pensamiento decantado en este concepto de la cultura: la actitud integralmente humana, sin mutilaciones, que resulta de un largo estudio y de una amplia visión de la realidad.

Así tiene que ser el maestro.

Y ahora, esta pregunta dirigida a la conciencia moral de los que se hallan comprendidos en ella: ¿Bastaron cuatro años de Escuela Normal para hacer del maestro un hombre culto?

No; ello es evidente. Esos cuatro años han servido para integrar parte de lo que yo denominé más arriba «largo estudio»; han servido para enfrentar la inteligencia con los grandes problemas que la humanidad se ha planteado y ha buscado solucionar con su esfuerzo: el problema histórico, el científico, el literario, el pedagógico. Nada más, a pesar de la buena voluntad que hayan podido demostrar profesores y alumnos; a pesar del doble esfuerzo en procura de un debido nivel cultural.

La Escuela Normal no basta para hacer al maestro. Y quien, luego de plegar con gesto orgulloso su diploma, se disponga a cumplir su tarea sin otro esfuerzo, ése es desde ya un maestro condenado al fracaso. Parecerá cruel y acaso falso; pero un hondo buceo en la conciencia de cada uno probará que es harto cierto. La Escuela Normal da elementos, variados y generosos, crea la noción del deber, de la misión; descubre los horizontes. Pero con los horizontes hay que hacer algo más que mirarlos desde lejos: hay que caminar hacia ellos y conquistarlos.

El maestro debe llegar a la cultura mediante un largo estudio. Estudio de lo exterior, y estudio de sí mismo. Aristóteles y Sócrates: he ahí las dos actitudes. Uno, la visión de la realidad a través de sus múltiples ángulos; el otro, la visión de la realidad a través del cultivo de la propia personalidad. Y, esto hay que creerlo, ambas cosas no se logran por separado. Nadie se conoce a sí mismo sin haber bebido la ciencia ajena en inacabables horas de lecturas y de estudio; y nadie conoce el alma de los semejantes sin asistir primero al deslumbramiento de descubrirse a sí mismo. La cultura resulta así una actitud que nace imperceptiblemente; nadie puede despertarse mañana y decir: «Sé muchas cosas y nada más». La mejor prueba de cultura suele darla aquél que habla muy poco de sí mismo; porque la cultura no es una cosa, sino que es una visión; se es culto cuando el mundo se nos ofrece con la máxima amplitud; cuando los problemas menudos dejan de tener consistencia; cuando se descubre que lo cotidiano es lo falso, y que sólo lo más puro, lo más bello, lo más bueno, reside la esencia que el hombre busca. Cuando se comprende lo que verdaderamente quiere decir Dios.

Al salir de la Escuela Normal, puede afirmarse que el estudio recién comienza. Queda lo más difícil, porque entonces se está solo, librado a la propia conducta. En el debilitamiento de los resortes morales, en el olvido de lo que de sagrado tiene es ser maestro, hay que buscar la razón de tantos fracasos. Pero en la voluntad que no reconoce términos, que no sabe de plazos fijos para el estudio, está la razón de muchos triunfos. En la Argentina ha habido y hay maestros: debería preguntárseles a ellos si les bastaron los cuatro años oficiales para adquirir la cultura que poseen. «El genio –dijo Buffon- es una larga paciencia». Nosotros no requerimos maestros geniales; sería absurdo. Pero todo saber supone una larga paciencia.

Alguien afirmó, sencillamente, que nada se conquista sin sacrificio. Y una misión como la del educador exige el mayor sacrificio que puede hacerse por ella. De lo contrario, se permanece en el nivel del «maestro correcto». Aquéllos que hayan estudiado el magisterio y se hayan recibido sin meditar a ciencia cierta qué pretendían o qué esperaban más allá del puesto y la retribución monetaria, ésos son ya fracasados y nada podrá salvarlos sino un gran arrepentimiento . Pero yo he escrito estas líneas para los que han descubierto su tarea y su deber. Para los que abandonan la Escuela Normal con la determinación de cumplir su misión. A ellos he querido mostrarles todo lo que les espera, y se me ocurre que tanto sacrificio ha de alegrarnos. Porque en el fondo de todo verdadero maestro existe un santo, y los santos son aquellos hombres que van dejando todo lo perecedero a lo largo del camino, y mantienen la mirada fija en un horizonte que conquistar con el trabajo, con el sacrificio o con la muerte.