Escuelas rurales: historias de esfuerzo y amor de familias, alumnos y docentes

Las instituciones educativas adoptaron distintas alternativas para acompañar las trayectorias escolares de los chicos y abordar su contención social. Recorren varios kilómetros para entregar las tareas y los módulos alimentarios.

La Dirección General de Escuela, junto a todas las escuelas albergue y rurales de Mendoza, desde que comenzó la cuarentena producto del Covid-19 buscó distintas alternativas para acompañar las trayectorias escolares de los chicos y abordar la contención social de ellos.

Una de las medidas abordadas fue la entrega periódica de los módulos alimentarios que equiparan el refrigerio que recibía cada alumno todos los días en su escuela. Desde marzo que cada institución estableció su propio protocolo para cumplir este mecanismo. Ejemplo de ello son los docentes de la escuela albergue Nº 4-207 “Raíces Huarpes”, ubicada en el distrito San José, Lavalle. El equipo conformado por los docentes Alejandro Avallone, Silvana Montarulli, la secretaria Yesica Díaz, el psicólogo Germán Mercado y la orientadora social, Alejandra Soria recorre cada mes más de 150 km. 

“Actualmente la institución cuenta con 76 alumnos, de los cuales 46 estaban albergados, es decir que cumplían una semana conviviendo en la institución; los demás viven cerca de la zona, por lo que tuvieron que organizarse para acercarles a los chicos tanto los módulos alimentarios como material pedagógico para continúen con sus procesos de aprendizajes”, contó la orientadora social del establecimiento lavallino.

Desde que comenzó esta cuarentena, el equipo docente se vio en la necesidad de organizarse para llegar a los chicos. Se hizo una clasificación de aquellos que tienen conectividad y saber si había posibilidades de conexión a través de whtasapp o recibir audios o descargar archivos; después se encontraron -por ejemplo- con chicos que están en la zona de El  Cavadito, Ruta 142 y Reservas Telteca, que no tienen ningún tipo de conexión.

“De esta manera nos organizamos con los docentes, la DGE y el equipo de orientación para que una vez al mes les hagamos llegar los módulos alimentarios y cartillas pedagógicas elaboradas por los docentes a distintos puntos de encuentros y a los diferentes puestos más alejados para asegurarles a los chicos el proceso de aprendizaje. Los alumnos nos entregan los trabajos y nosotros les damos tareas nuevas. Así hemos podido lograr que los chicos no queden sin aprender y no pierdan el año”, destacó la orientadora social.

“A su vez, viajamos cada 15 días con el servicio de orientación para realizar visitas domiciliarias a aquellos chicos que están pasando por algún problema familiar o de apoyo escolar y vincularlo con el docente para que se sienta contenido”, agregó Soria.

Cada uno de estos viajes les lleva todo el día. Salen a las 8 de Costa de Araujo y regresa cerca las 21 a nuestras casas. Pasan por Asunción, EL Cavadito, Ruta 142, Reservas de Telteca, La Majada, San José, El Camino del Huarpe y Tres de Mayo. Son más de 150 km de los cuales la mayoría son por tierra, médanos, huellas de arena, tierra y polvo.

“Para nosotros es muy importante, más allá del cansancio, es fundamental acompañarlos. En las escuelas albergue se genera un vínculo muy fuerte e importante entre todos los actores, y desde que comenzamos a visitarlos e ir a sus propios hogares, no solo ha mejorado el rendimiento de los chicos sino que se sienten contenidos. Vemos sus alegrías cada vez que llegamos”, concluyó la referente de la institución educativa, quien en su rostro reflejó el cansancio pero la alegría de toda la comunidad del resultado positivo del esfuerzo en conjunto.

Una de las historias más significativas es la de Alejandra y Yanela Mayorga, alumnas de 3ro y 4to año, quienes acompañadas por su mamá Raquel y su papá Ángel caminan más de 30 km por una huella de polvo y arena, cada vez que saben que los docentes vienen a traerle los materiales pedagógicos nuevos y devolverles las tareas hechas por las nenas.

Raquel, con su mirada llena de esperanza de que sus hijas terminen la secundaria, recordó que de chica su gran deseo fue estudiar, hacer la primaria y la secundaria. “Pero en aquella época, para ir a la escuela había que viajar hasta la ciudad. Y mis papás no podían. Éramos una familia muy numerosa, de escasos recursos. Entonces me dije ‘si algún día, cuando sea madre, si me toca vivir acá en el campo quisiera elegir lo mejor para mis hijas, que estudien la primaria, que hagan la secundaria completa’. Por eso, yo acompañé a mi hija, que no se podía adaptar, la acompañé en todo el proceso. La seño me supo comprender, también el director. Ellos se conmovían mucho de mi sufrimiento, nos daban la comida. No tengo más que agradecimiento para con ellos”, contó muy emocionada

A pocos metros de la escuela, la familia Mayorga construyó una pequeña habitación de caña y barro para poder acompañar a sus hijas. “Construimos esta casa para que mis hijas terminaran la primaria. Ahí mismo teníamos un ranchito que se nos quemó, en un accidente donde yo me quemé las manos. Con la ayuda de un pastor que vino y me regaló madera, y trabajando el junquillo, levantamos este rancho con mi sobrino. Las paredes son un cortinado de cañas. Adentro tengo todo colgado porque los perros suelen llevarse las cosas. No tiene una puerta segura, por eso tengo que tener todo colgado”, narró la mujer con la piel curtida por los años y de corazón noble.  

“Hacemos 30 kilómetros caminando desde el puesto hasta la escuela; demoramos unas cinco horas. Antes lo hacíamos en menos tiempo, pero hace tres años atrás empecé con graves problemas y ahora tengo que parar a descansar un rato. Mis hijas tienen la paciencia de esperarme”, prosiguió Raquel, quien agradeció enormemente el trabajo de los docentes. “Los profesores son muy buenos con mis hijas, les dan aliento, las ayudan a seguir con el proceso educativo. Estoy muy agradecida de Alejandra y de todos los profesores. Tienen un amor incondicional con nosotros. Desde donde han podido, siempre nos han ayudado”, finalizó la mamá.

Otra de las historias que la cuarentena dejó en suspenso es la de Macarena Martínez de 4to año, quien con sus ojos llenos de lágrimas recuerda a sus compañeros. “Para los que vivimos en esta zona estar en la escuela es casi todo. Desde que comenzó la cuarentena no he visto a mis compañeros, estamos muy alejados y no tenemos señal. Si bien hago la tarea cuando los docentes me la acercan no es fácil porque a veces no entiendo algún tema y no tengo cómo comunicarme”, remarcó Macarena, mientras se subía en la moto de su papá para recorrer 10 km adentro por una huella de arena y polvo.

Por su parte,Darío Jofré, papá de cuatro alumnos y miembro de la comunidad Huarpe Juan Manuel Villegas, de San José, Lavalle, explicó que todo el proceso educativo ha sido complicado por la poca conectividad. “Ha sido muy dificultoso para nuestros niños poder llegar con las tareas, poder descargar, poder conectarse con los maestros o profesores. Ha sido muy complicado. No nos ha quedado otra que armarnos de paciencia”, explicó.

“Yo estoy a cinco kilómetros de Asunción. Allí hay una empresa que hace poco tiempo trajo internet, pero no llegaba hasta acá, tenía poco alcance. Planteé la situación a la Municipalidad de Lavalle. Después el contador Gerardo Vaquer me contactó para decirme que estaban trabajando en un proyecto de acercar internet al campo, pero que llevaba un tiempo. Esto fue hace cinco, seis meses atrás. Recién este sábado nos conectaron finalmente internet”, destacó Darío con mucha alegría.  

“Tengo seis hijos, dos en nivel primario, dos en secundaria y una hija en la universidad. Para mi hija que está en la facultad es muy difícil. Ha tenido que ir muchas veces a los vecinos a molestar por internet a Asunción, y si no a Costa de Araujo para poder descargar lo que le mandaban de la universidad. Los chicos que están en la secundaria han tenido mucha dificultad para comunicarse con los profesores por la falta de internet. Por suerte, los profes se han reinventado también. Han pensado estrategias para poder llegar con el material y que los niños trabajen en la casa. Ha sido todo un cambio. Yo recordaba que cuando empecé la secundaria en El Secano se empezó de manera semipresencial y empezaron a repartir cartilla. Bueno, ahora lo volvieron a implementar, en estos tiempos de pandemia”, destacó Jofré.

“A su vez, para los productores locales, la pandemia ha tenido su impacto negativo. Restringieron el turismo. Y mucho de lo de los pobladores de esta zona producimos chivos. Ha habido muy poca comercialización. Entonces es un impacto al bolsillo del productor caprino. También para los muchachos que tienen algún salón de comidas, o de ventas en Asunción, que empezaron hace un par de años a vivir del turismo. Ha tenido su impacto negativo en todos los sectores de la comunidad, tanto para el que produce como para el que vende”, remarcó Jofré con la mirada de resignación, mientras contemplaba el agreste paisaje del desierto lavallino.

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Fuente: Prensa DGE