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JOSÉ DE SAN MARTÍN: Mentor de la «Mendocinidad»

Entre revoluciones y chimeneas

Entre revoluciones políticas y progresos tecnológicos, el comienzo del siglo XIX terminó por derribar, en gran medida, las viejas instituciones europeas heredadas de la Edad Media. Se abre el telón para que ingrese en escena un nuevo capítulo universal. Las ideas de la “Ilustración”, la expansión de la industria, el crecimiento del comercio ultramarino y el surgimiento del novedoso orden económico «liberal».

Todo esto generará la configuración de un esquema donde América se convierte en proveedor excluyente de materias primas para solventar la revolución industrial británica. Como consecuencia lógica, el proceso transformador se extiende vertiginosamente por el Atlántico hacia toda la región americana.

El camino emancipador de la mano de nuevas ideas estará abierto. Mientras tanto los puertos americanos serán testigos del regreso de hombres que en poco tiempo izarán la bandera de la independencia. Es el caso de José de San Martín, que al momento de su llegada no era más que un «ilustre desconocido», y al cabo de unos años se convertiría en el «padre de nuestra Patria».

Con seguridad, su visión superadora, unida a la de genial soldado y brillante estratega, potencian la determinante versión del «héroe», claramente referenciado por sus logros en el campo de batalla. Pero existe en el genial San Martín un perfil, muy tarde reconocido por un sector de nuestra historiografía nacional. Y es el perfil de un político brillante. De un hombre de Estado. De un cabal representante de los álgidos y transformadores tiempos que corrían. Comprometido y sensible, y con una aguda percepción para interpretar la coyuntura y los países por donde dejó su impronta, mérito de una cultura particular forjada en el esfuerzo, los nobles valores, la austera prudencia y mucho estudio.

Mentor de la «Mendocinidad»

Con frecuencia resaltamos las notas propias y signos particulares que constituyen el acervo patrimonial o los rasgos distintivos de una región. Sin temor a equivocarnos podemos sostener que Mendoza «fue otra» tras el paso de San Martín por la provincia, erigiéndose en un mito fundacional de fuerte valor simbólico para la historia mendocina, que lo convierten en el máximo referente local. Mito que se agiganta ante la fija idea de pasar sus últimos años, en lo que llamaba «su refugio de la Tebaida mendocina».

Acciones concretas

Su liderazgo trasformó Mendoza. Sus tres años de estadía como «Gobernador Intendente» (desde agosto – setiembre de 1814) son referencia para siempre en el devenir de la futura vida provincial. Indudablemente la impronta «sanmartiniana» marcó a fuego el comportamiento de la dirigencia y el pueblo mendocino convirtiendo a Mendoza durante años en un espejo donde se reflejaba el país.

En el plano político, la «ínsula cuyana», embrión de la campaña libertadora de América del Sur, empujará con fuerza la idea de independencia, convirtiéndose Mendoza en la última esperanza para concretar la anhelada liberación americana. Sí. El lector interpretó bien. …. Mendoza era la última esperanza para conseguir la liberación. De haber sucumbido el ejército libertador, el proceso se hubiera dilatado, vaya a saber cuánto. Así «la inmortal provincia de Cuyo, donde todo se hace», será un punto estratégico en el globalizado proceso revolucionario mundial.

Se concreta también, durante la gestión de San Martín, la anhelada separación de Córdoba, de quien dependía cuando se desvinculó de Chile allá por el 1776.

En el plano económico potenció la matriz productiva de Mendoza: su economía agrícola y ganadera, más los beneficios obtenidos por el riego de acequias y canales en el campo de la vitivinicultura y la alfarería se multiplican considerablemente.

Estimuló la actividad minera con el fin de proveer recursos para el ejército, fomentando la extracción de azufre, plata y plomo, designando a Pedro y Antonio Alvarez Condarco para la de fabricación de pólvora y a Pedro Pascual Rodríguez para la fundición de balas de bajo calibre.

Confeccionó el primer plano catastral de Mendoza después de haber realizado el registro de propiedades inmuebles regadas por las «cunetas» de la ciudad. Y con el fin de hacer comparativo y contemporáneo el análisis, diríamos que fue el hacedor del primer «Plan de Desarrollo Estratégico Municipal» y autor del primer proyecto de Ordenamiento Territorial de Cuyo. Hoy tan de moda.

En el ámbito social, reglamentó la relación entre patrones y obreros. Promovió la educación primaria. Fue defensor incansable de la cultura y las artes, alentando la creación de escuelas, bibliotecas y museos. Y entre otras tantas medidas sanitarias, impuso la obligatoriedad de la vacunación contra la viruela, fomentando además la limpieza y aseo como valores preventivos insoslayables, instaurando empíricamente una fuerte cruzada contra el mal de Chagas.

Formó una pionera «Escuela de Oficios» donde cada soldado confeccionó sus camperas y sus botines de cuero, de las vacas faenadas para la alimentación del ejército. «Las botas son el imprescindible vehículo del soldado», sostenía sabiamente. Todo bajo la atenta dirección de un grupo de mujeres mendocinas que impartieron a los soldados, después de largas horas de instrucción militar, las técnicas de costuras y zurcidos, para que cada hombre tuviera su equipo completo para enfrentar el frío de las alturas. «Escuela de oficios», que permitió, no por casualidad, que al tiempo Mendoza, se convirtiera en un polo destacado en la comercialización e industrialización de ropa y calzado para toda América del Sur.

Además dispuso adaptar el Convento de la Merced para crear una sastrería a cargo del Capitán Lino Ramírez de Orellano, donde se terminó confeccionando buena parte de los uniformes del ejército y otros insumos para la necesaria logística y el funcionamiento del regimiento.

También fue un difusor de las progresistas ideas del momento, gestionando ante Pueyrredón (Director Supremo) el envío de una imprenta con el fin de elaborar folletos y semanarios. Luzuriaga, sucesor de San Martín en el gobierno cuyano, publicó el primer impreso que circuló en Mendoza, con la estimulante noticia del triunfo en la Batalla de Chacabuco, vital enfrentamiento en la «guerra de la emancipación chilena». Además en dicha imprenta se imprimió el primer periódico mendocino: «El termómetro del día», cuyo número inicial fue el 20 de marzo de 1820.Pionero del librecambio económico

Entre las acciones de vanguardia que adoptó para proteger la industria vitivinícola, y buscar ampliar el comercio con las provincias vecinas, figura el envío de Don Juan de la Cruz Vargas a Bs. As., para gestionar la suspensión de impuestos que pesaban sobre el vino y el aguardiente con el objeto de favorecer la competencia nacional e internacional.

San Martín y el Este mendocino

Y ni hablemos de la acción trasformadora de San Martín en la «zona este». Aclaremos a priori, para ponderar el reconocimiento explícito de la zona sobre el general, que entre los innumerables departamentos, pueblitos, barrios, escuelas, calles, plazas, cines, clubes, pizzerías, fundaciones, universidades, mercaditos, tiendas…..(la lista continuaría varios renglones, pero lo dejamos ahí), que llevan el nombre de San Martín, fue el departamento del este mendocino, el primero en ser «bautizado» como San Martín, homenajeando al Libertador cuando todavía no era quien luego fue.

La villa ya iba tomando forma, y el 20 de diciembre de 1816 el gobernador de Mendoza Toribio de Luzuriaga funda formalmente la población con el nombre de Villa Nueva de los Barreales, a la que él mismo le adjuntaba «de San Martín» en su habla habitual y correspondencia. Apenas 7 años más tarde, por un decreto del gobernador Pedro Molina, la ciudad se convierte en la primera de un sinfín de poblados que homenajearían al general bautizándose con su nombre. Por ende, la mano sanmartiniana se reflejó con la realización de obras de irrigación que favorecieron la incorporación al sector productivo de extensas regiones vírgenes, más la construcción de un molino harinero que facilitó el abastecimiento a los vecinos del lugar, aislados de los centro de producción. Como a su vez la creación de tambos para proveer la leche para el ejército. Herrerías, talabartería y una gran panadería completan el mapa comercial creado por el General en el Este.

Las tierras donde se construirá el molino serán donadas por José Rudecindo Ahumada, quien no dudó en ofrecer a San Martín su propiedad en vista del loable objetivo de otorgar «un molino de pan para beneficio de la villa que se está formando allí». «El lugar más apropiado para el emplazamiento del molino se situaba en la margen izquierda del actual canal matriz San Martín, en un desnivel que permitía recibir el agua y accionar la rueda de piedra del molino por medio de un canal anterior. Esta toma de agua estaba localizada a unos pocos kilómetros del carril Barriales, sobre la calle Costa del Canal Matriz».

Pero junto al General San Marín, encontramos la acción de figuras anónimas para el público masivo, pero con una profunda injerencia en la historia local. Es el caso de José Herrera, popularmente conocido como «el chileno», quien prestó trascendentes servicios, y «por encargo de San Martín, dirigió la construcción de ‘las acequias de la patria’, que distribuyeron las aguas del río Tunuyán».

El «chileno» Herrera fue encomendado por San Martín para levantar mensuras y canales en la zona, estando a su cargo los soldados prisioneros de la Batalla de Chacabuco, a quienes concentró para la realización de las distintas obras. Un gran número de prisioneros (españoles y partidarios «realistas» chilenos) en vez de ser fusilados como la «tradición» de guerra lo determinaba, fueron persuadidos a cambio de sus vida y libertad, para cumplir trabajos comunitarios concernientes en tareas agrícolas, obras viales y canales de regadío en nuestros departamentos. La zona más beneficiada por la llegada de prisioneros dispuestos para el trabajo rural fue la actual zona de «Los Barriales» y «Orfila», que indudablemente benefició las adyacencias de todo el «este mendocino».

Nacerán así, la ampliación del canal matriz Independencia (data de 1806) y la construcción de los nuevos canales: Cobos, Río Bamba, San Martín, Constitución, y puntualmente en Rivadavia, los históricos canales San Isidro y Reducción.

Triste, solitario y final

Pasará sus últimos días, cansado, enfermo, olvidado. A miles de kilómetros de su añorada Tebaida. Acompañado solamente por su hija. El asma, la basilosis (una especie de tuberculosis), el reuma, la úlcera, la gastritis, las hemorroides gangrenadas, insomnio, un constante estreñimiento y cataratas en sus últimos años, conjugaron un combo de otras duras batalla que también debió librar.

Pero no todo concluyó el 17 de agosto de 1850. Su ejemplo, indudablemente, sigue vigente. «Todo buen ciudadano tiene la obligación de sacrificarse por su país, y mi objetivo no ha sido otro que el bien y la felicidad de nuestra patria, y al mismo tiempo el decoro de su administración…». Ojalá el esfuerzo sanmartiniano perdure por siempre, y contagie a nuestro sector dirigente. Más aún, en tiempos de cambio, como lo fue aquel momento donde la transparencia en los objetivos, la idoneidad para cumplirlos y el valor para lograrlo no se vislumbraba claramente.

Gustavo Capone