En una jornada cargada de sensibilidad, estudiantes de 6° grado de dicho establecimiento protagonizaron una experiencia educativa que trascendió lo académico para poner en el centro a las emociones. A través de cartas familiares y lecturas en voz alta, la comunidad educativa transformó el aula en un espacio de encuentro, fortaleciendo los vínculos y la convivencia.
La propuesta, impulsada por las docentes Soledad Gucchone y Viviana Sánchez, se desarrolló en el marco del Mes de la Lectura en Voz Alta. Sin embargo, lejos de limitarse a la práctica tradicional de lectura, la iniciativa buscó tender un puente entre la escuela y el hogar mediante un recurso simbólico: barriletes artesanales que contenían cartas escritas por las familias.
Cada estudiante recibió su barrilete con un mensaje único. Padres, madres y hermanos expresaron palabras de aliento, reconocimiento y afecto, generando un momento de profunda conexión emocional. Lo que comenzó como una actividad pedagógica se convirtió rápidamente en una experiencia significativa, donde la lectura dio paso a la empatía y al fortalecimiento de los lazos afectivos.



El impacto fue inmediato. El aula se llenó de lágrimas de emoción, sonrisas cómplices y gestos de sorpresa. Las reacciones reflejaron la importancia de dar lugar a la expresión de los sentimientos dentro del ámbito escolar. “Ver sus caras al reconocer la letra de sus padres fue entender que la educación también es esto: brindarles seguridad emocional para crecer como personas y como grupo”, destacaron las docentes.
La experiencia evidenció que la alfabetización emocional es un componente clave en la formación integral de los estudiantes. Al validar lo que cada niño y niña siente, se fortalece el sentido de pertenencia y se construyen bases sólidas para la convivencia escolar.
En tiempos atravesados por la inmediatez digital, esta iniciativa demostró el valor de lo simple y lo genuino. Las cartas escritas a mano lograron lo que ninguna pantalla puede replicar: conectar corazones. Así, los barriletes de 6° grado no necesitaron viento para elevarse; fueron sostenidos por el hilo invisible, pero firme, del amor familiar y el compromiso docente.
Fuente: Escuela 1-050 Independencia Argentina



