Instituciones educativas participan de acciones socioeducativas que fortalecen los vínculos, la formación integral y la construcción comunitaria.

El CCT-FP 6-065 Sin Nombre, ubicado en el Algarrobal, Las Heras, lleva adelante desde abril un proyecto educativo de articulación a cargo de la directora Evangelina López y del CAE y Jardín Maternal “Vida Infantil” P-246 de El Resguardo, Andrea Baca, junto con los docentes Rodrigo Álvarez, Andrea Mendoza y Fernando Pontis, vinculado al servicio comunitario que finalizará en el mes de diciembre.
El proyecto denominado “El Resguardo, Nuestra Comunidad” permite que los estudiantes del Trayecto de Formación Profesional en Gastronomía desarrollen competencias profesionalizantes, mediante experiencias significativas con la elaboración de productos de panificación destinados a los niños del jardín maternal, aplicando conocimientos y habilidades adquiridas en los módulos formativos en contextos reales y solidarios. Asimismo, favorece el intercambio institucional, la participación en actividades compartidas y la difusión de las propuestas educativas del CCT dentro de la comunidad.
Las actividades se desarrollan en dos grupos coordinados y acompañados por los profesores a cargo, durante el primer cuatrimestre intervienen los estudiantes del turno mañana, con la docente Mendoza, mientras que en el segundo cuatrimestre corresponde a los estudiantes del turno tarde con Pontis. Esta organización permite garantizar la participación de todos, promueve los valores en el trabajo, en equipo y favorece el desarrollo de capacidades profesionales, sociales y prácticas propias del trayecto de Gastronomía en servicio.
Con orgullo, López se refirió al trabajo en equipo y resaltó que “en contextos complejos y de recursos limitados, la clave está en tejer redes sólidas, como la articulación con el jardín, que nos provee los insumos para que nuestro taller de gastronomía elabore sus meriendas. Esta sinergia es una oportunidad pedagógica extraordinaria para nuestros estudiantes, que implica un desarrollo profesional de alto nivel, las limitaciones materiales no nos detienen, potencian la creatividad y el profesionalismo en el aula”.
Y destacó que “el impacto trasciende lo técnico y se convierte en transformación social, los estudiantes cambian de rol en su comunidad, pasan de recibir asistencia a ser profesionales activos que nutren y cuidan la salud de la primera infancia de su barrio. Ver el rigor y respeto con el que aplican las normas de higiene por puro compromiso hacia esos niños, es la prueba del enorme potencial de la formación profesional cuando se trabaja de cara a la comunidad”, concluyó la directiva.
Por su parte los docentes, agradecieron el apoyo directivo y resaltaron la transformación de los estudiantes, que al verse en el rol de los que producen y alimentan a los pequeños, les cambió la visión de lo que pueden hacer con los aprendizajes de la escuela y las Buenas Prácticas de Manufactura. “Saber que cocinan para la salud de la primera infancia de su propio barrio les dio una responsabilidad vital, el cuidado que le ponen a cada producción de panificación es puro amor y compromiso. Estamos felices trabajando en equipo y sentir que somos una red comunitaria nos llena de fuerza para seguir adelante”.
En este contexto las estudiantes, manifestaron: “Cuando los profesores nos explicaron que teníamos que preparar las meriendas para los pequeños del CAE y Jardincito, nos pusimos la remera del CCT. Vernos manejando las máquinas de la cocina y sacando las bandejas con facturas y pan, nos llenó de orgullo. Este proyecto nos enseña a trabajar organizadas, a cuidar los ingredientes, a calcular las porciones exactas para que rinda y a respetar las normas de higiene como si estuviéramos en una panadería real. Nos sentimos como profesionales, porque fortalece nuestra autoestima, nos da gran satisfacción decir que lo preparamos nosotras en la escuela y nos alienta a continuar asistiendo agradecidas del valor que nos brindan las instituciones y la comunidad”.



Fuente: Prensa DGE



